La pregunta parece ociosa, ¿verdad? Ustedes dirían que no sólo no es necesario, sino que no debe hacerse. Dirían que actuar así está mal y que eso es obvio... Sin embargo, ésa es la pregunta que deben responder el feminismo hegemónico español (el real) y el Estado español (partitocrático) en pleno
Los partidos aparecen detrás de RTVE como de otras instituciones del Estado (Tribunal Constitucional, Consejo del Poder Judicial) o de organismos reguladores (Comisión Nacional de la Energía, Consejo de Seguridad Nuclear, Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones), que en la práctica se han convertido en una especie de miniparlamento. Su configuración nace de un sistema de cuotas en la que, en la mayoría de los casos, se requiere el acuerdo previo del PSOE y del PP.
Mediante esta fórmula, organismos teóricamente independientes se ven sometidos a dictados partidistas. "El problema es que no sabemos salir del sistema de cuotas, que es como un cáncer que se extiende cada vez a más ámbitos", sostiene Francisco Longo, director del Instituto de Gobernanza y Gestión Pública de ESADE. A menudo, añade, los partidos colocan en estos organismos "a gente que no tiene acomodo en otro sitio". Exministros y exdiputados han ocupado sillones en los Consejos de Administración de los entes públicos.
Consecuencia de la tan denostada política de cuotas es la crisis abierta en RTVE tras el intento de sus consejeros de controlar los contenidos de los telediarios mediante el acceso a su sistema editor (conocido como iNews). Esta pretensión, aprobada por el Consejo el miércoles y revocada 48 horas después, "es la manifestación de un mal más profundo: la partitocracia que contamina todo nuestro sistema político y nos ha degradado a una democracia de baja intensidad", dice el profesor titular de Información Audiovisual de las Universidad Complutense de Madrid Rafael Díaz Arias, según el cual el sistema de reparto de cargos institucionales "ha desacreditado a instituciones esenciales como el Consejo del Poder Judicial, el Constitucional o RTVE". Por eso considera que urge "una regeneración democrática" y "un cambio de cultura".
- Despiadada desconsideración por los sentimientos de los otros.
- Incapacidad para mantener relaciones prolongadas.
- Despreocupación imprudente por la seguridad de otros.
- Falsedad: mentir y engañar repetidamente a otros para lucrarse.
- Incapacidad de sentir culpa.
- Incapacidad de acatar las normas sociales y los límites legales de conducta.
