Mostrando entradas con la etiqueta Psiquiatría. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Psiquiatría. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de julio de 2012

En España no existe la especialidad de psiquiatría o psicología infanto-juvenil

"España es uno de los pocos países de la Unión Europea donde no existe ni la especialidad universitaria de psicología ni la de psiquiatría infanto-juvenil. Su creación es una promesa largamente incumplida por los gobiernos de todos los colores. Sólo una quinta parte de los niños que sufren estos problemas está correctamente diagnosticado, según datos de Sanidad".

Esto ocurre en un país, España, en el que el Gobierno (con el expresidente Zapatero y sus ministras Aído y Pajín a la cabeza) ha estado años presionando a los jueces para que no se tomen en serio las denuncias por trastornos producidos en menores por alienaciones parentales provocadas por alguno de sus progenitores en perjuicio del otro y de su familia completa. Este negacionismo ha sido, además, avalado por la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN), a la que se apela para darle al discurso negacionista una supuesta legitimación científica. Ambas instituciones, el Gobierno del PSOE (con el apoyo de Izquierda Unida -IU-) y la AEN, han sido los apoyos que el poder establecido en España ha puesto al servicio del sectario lobby feminista (español e internacional), decidido a imponer sus intereses sectarios incluso al precio de negar la existencia (incuestionable) de los trastornos provocados por la alienación parental en niños y adolescentes.

La existencia de alienaciones parentales es un hecho incontrovertible. Lo que es más: el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado repetidamente a los Estados que han favorecido (por acción u omisión) esas alienaciones parentales. La alienación parental puede llevar asociado (o no) un trastorno psicológico en los menores llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP) o de otras formas. El sectario lobby feminista y sus servidores llevan años presionando para impedir que la Asociacón de Psiquiatría Americana (APA) incluya ese trastorno en su manual de diagnóstico DSM en su próxima versión (DSM-V), inclusión que llevaría implícita su inmediata incorporación entre las enfermedades reconocidas por la OMS. 
La actual ausencia de este trastorno en los manuales de la APA y la OMS es utilizada (tras imponerla) por el lobby feminista para descalificar las denuncias por alienación parental y no sólo para desacreditar las denuncias contra un progenitor por provocar SAP en sus hijos. Aclaro: el lobby feminista está impidiendo que menores que sufren un trastorno, reconocido como tal por centenares de especialistas a nivel nacional e internacional y por múltiples asociaciones de expertos (sólo por citar algunas españolas: la Coordinadora de Psicología Jurídica del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos de España o la Sociedad Española de Psiquiatría Forense), reciban el tratamiento adecuado para superar ese trastorno; pero el lobby feminista comete esa imperdonable agresión a la salud mental de los menores en un contexto más amplio: su objetivo real es que los tribunales no tomen en serio las denuncias por alienación parental (se incluya en la denuncia una alusión a un trastorno provocado en los menores o no se incluya tal cosa). 

El lobby feminista, desde la fundación NOW de EE.UU hasta la asociación más minúscula en España, pasando por el PSOE e IU, naturalmente, tienen que saber que la existencia de alienaciones parentales es indiscutible (pincha). Y que también lo es la existencia de abundante literatura científica que describe los trastornos que algunos menores padecen como consecuencia de esas alienaciones parentales, siendo estas investigaciones de gran utilidad para resolver esos casos. Resumiendo: tienen que saber que con su actitud negacionista no sólo están colaborando en la comisión de lo que constituyen objetivamente delitos, sino que están contribuyendo al peor de los delitos: el maltrato a la infancia. De forma imperdonable, hacen esto por interés... No es de extrañar, pues las personas que causan daño a sus semejantes lo hacen muy pocas veces mediante torturas salvajes; con mucha más frecuencia lo hacen ignorantes de ello: por simple estupidez o por ignorar los daños causados al tener la mente cerrada a todo lo ajeno a sus intereses.

La psiquiatría infantil hace las maletas

España es uno de los pocos países de la UE donde no existe la especialidad médica

La Fundación Alicia Koplowitz beca a profesionales para que se formen en centros extranjeros

M. R. Sahuquillo Madrid 8 JUL 2012 

Un 20% de niños y adolescentes sufren algún tipo de trastorno mental, según la Sociedad Española de Psiquiatría. Anorexia, autismo, hiperactividad, ansiedad, trastorno de déficit de atención. Sin embargo, y a pesar de estos datos, España es uno de los pocos países de la Unión Europea donde no existe la especialidad universitaria de psicología ni de psiquiatría infanto-juvenil. Su creación es una promesa largamente incumplida por los gobiernos de todos los colores, que las sociedades científicas y las asociaciones de pacientes no se cansan de reclamar. Pero las cosas van lentas, y mientras, algunos profesionales optan por marcharse al extranjero para obtener formación especializada.

La creación de la especialidad de psiquiatría infanto-juvenil ha estado, sin éxito, en la agenda de varios ministros

Juan José Carballo se fue a la Universidad de Columbia, en Nueva York, con una beca de la Fundación Alicia Koplowitz, la única organización en España que tiene este tipo de ayudas para la especialización en psiquiatría de la infancia y la adolescencia. Esta fundación otorga becas de formación avanzada —que duran dos años y que permiten ampliar estudios en prestigiosos centros de Reino Unido o Estados Unidos— y también ayudas para estancias cortas y proyectos de investigación. Carballo, psiquiatra, participó en el programa avanzado en 2005/2006. Gracias a él, cuenta, pasó dos años en Estados Unidos especializándose en atención infantil. Una parte fundamental de la psiquiatría por la que empezó a interesarse en una de las rotaciones del MIR. Duró cuatro meses y que se le quedó más que escasa. “Sentí que era un periodo demasiado corto para considerarme competente en un área tan específica y compleja”, dice.
Celso Arango, secretario de la Sociedad Española de Psiquiatría, explica que la formación especializada en este campo es fundamental. “El 70% de las enfermedades mentales tienen sus primeros síntomas durante la infancia y la adolescencia. Incluso el trastorno bipolar o la esquizofrenia”, sostiene este experto, que explica que estas patologías –que no siempre se diagnostican—, cuestan cada año casi 800.000 millones de euros en la UE. Un coste económico al que se le añade también el altísimo coste social para los enfermos y sus familias. “Por eso el diagnóstico precoz desde la infancia es fundamental. Y a ello ayudaría la creación de la especialidad médica de Psiquiatría infantil y juvenil”, abunda.
Su creación está —junto a la de Genética— también en la agenda de la ministra de Sanidad, Ana Mato, aunque los expertos recelan de que esta vez sí vaya a materializarse. Y aunque lo hiciera, su implantación llevaría al menos cuatro años desde su aprobación.
Mientras, insiste Arango, el mecenazgo y la colaboración de organizaciones privadas como la de Alicia Koplowitz es esencial. María Concepción Guisasola, coordinadora de programas científicos de esta fundación, explica que el objetivo de las becas de esta institución —dotadas con unos 40.000 euros anuales— es precisamente cubrir el hueco en la formación de los profesionales. “Que la psiquiatría o la psicología infantojuvenil no estén reconocidas no significa que no haya enfermedades mentales en esas franjas de edad. Es una realidad a la que hay que prestarle mucha atención”, dice.

El objetivo de esta entidad es cubrir con sus ayudas el hueco de formación que existe

Así, a través de las becas avanzadas, los profesionales —psiquiatras que hayan acabado el MIR o estén en el último año, y psicólogos clínicos con el PIR o que lo estén completando— pasan dos años formándose en instituciones punteras como el King’s College de Londres o el hospital Bellevue, de Nueva York. Allí, explica Guisasola, pueden ver a pacientes y tener una rica e intensa actividad investigadora y docente. A su vuelta, los becarios tienen la opción de incorporarse al hospital español que escojan durante seis meses pagados por la Fundación. “La idea es que estos profesionales vuelvan a España y establecer una red de especialistas exbecarios para que los niños estén atendidos en todo el país”, sigue Guisasola. De hecho algunos becarios ya han creado sus propias unidades, aunque otros se han quedado en los hospitales donde se han formado.
Leticia Gutiérrez-Galve, psiquiatra de 33 años, es una de los cinco becados de esta edición —la novena convocatoria—. Irá al St Mary Hospital de Londres. Allí, trabajará sobre la influencia de los trastornos psiquiátricos de los padres —en concreto los depresivos— en el neurodesarrollo de los niños. Gutiérrez-Galve, que ahora trabaja como psiquiatra infantil en el Hospital Universitario de Zaragoza, ha elegido el St Mary porque en ese centro seguirá las mismas rotaciones que los residentes del hospital. “Así se combina la investigación y la clínica”, explica. “En España no hay forma de especializarse, así que una opción es irnos fuera. El tratamiento y la prevención de los trastornos psicopatológicos de los niños y los adolescentes es muy importante porque esta etapa es crucial en el desarrollo y evolución de los trastornos psiquiátricos”, añade.

"Algunas patologías que sufren los niños son completamente distintas a las de los adultos", dice una psicóloga clínica

Pero solo una quinta parte de los niños que sufren estos problemas está correctamente diagnosticado, según datos de Sanidad. Algo que puede tener, además, un largo recorrido ya que los pacientes cuyo trastorno psiquiátrico comenzó en la etapa juvenil tienen un peor pronóstico que aquellos en los que se inició en la etapa adulta.
Rebeca García Nieto, psicóloga clínica y exbecaria 2008/2010 de la Fundación Alicia Koplowitz, explica además que algunas patologías que sufren los niños son completamente distintas a las de los adultos, como la hiperactividad o el déficit de atención. Esta psicóloga de 34 años siguió el programa de formación avanzada en el hospital Bellevue, de Nueva York, donde se especializó en traumas, en niños que han sufrido algún tipo de abuso físico o sexual. “Los niños se recuperan de los abusos también de una manera totalmente distinta de la de los adultos”, asegura García Nieto, que ahora es una de las psicólogas del centro de salud mental de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, donde, además, investiga sobre el suicidio.

sábado, 10 de septiembre de 2011

EL PAÍS falsea las causas del suicidio y oculta que el 80% son varones

La Ley Integral contra la Violencia de Género (LIVG) entró en vigor con el inicio de 2005

  • Nota sobre la fotografía: En 2006 se cambió el sistema de contabilidad de los suicidios (para hacerlo semejante al europeo), y ahora se adjudica a ese hecho el incremento sufrido por los suicidios en 2006. Precisamente ese mismo año también se dejó de publicar el estado civil de los suicidados (que se explica por parte de las autoridades por la misma razón). Lo que no explican es cómo es posible que consideren (en España o en Europa) irrelevante el estado civil de los suicidados...

En ese comentario dejamos bien claro que, pese al liderazgo masculino en la investigación, ello no se traduce en estudios que prioricen la investigación en asuntos que afecten especialmente a los varones, como parece afirmar la señora Menéndez en su artículo. Pusimos como ejemplo un hecho sociológico que no está siendo estudiado por los sociólogos ni mucho ni poco: nada en absoluto. Resulta que en España la principal causa de muerte no natural es el suicidio, y que el 80% de quienes se quitan la vida son varones. ¿Cuáles son las causas que explican que eso sea así? El vacío investigador es no sólo absoluto, sino injustificable.

Pues bien, hoy (sí, hoy) EL PAÍS publica un reportaje sobre el suicidio en España (lo pego más abajo en su integridad). Lo titulan Faltan radares para anticiparse al suicidio (pincha), acaso llevados por los "radares" que, en la carretera, han llevado a los accidentes de tráfico al segundo puesto como causa de muerte no natural en España... 
Quiero destacar algo que he leído en este reportaje, pues revela que el Estado español está incumpliendo los mandatos de la Organización Mundial de la Salud (OMS): 
"La OMS y las Naciones Unidas (ONU) instan desde 1996 a desarrollar políticas de prevención, una vez constatado que las muertes voluntarias en el mundo superan a las provocadas por homicidios y guerras y que en 2020 las víctimas podrían ascender a un millón y medio. Ya en 2005 la organización sanitaria estableció que en los siguientes cinco años, en 2010, los países de la Unión Europea tenían que incluirla en sus políticas nacionales". La respuesta del Estado español y de sus instancias investigadoras ha sido de una nulidad absoluta.
En el reportaje se muestra la nula respuesta del Estado español, y se apunta que, según un psicólogo, sólo en algunas Comunidades como Cataluña, Madrid, Andalucía, Murcia, Galicia y Baleares cuentan con planes de salud mental que engloban Programas de Prevención. Debe recordarse a este psicólogo y a EL PAÍS que el suicidio, cuando se investiga como un hecho sociológico, no tiene esencialmente causas psicológicas o psiquiátricas (salvo en casos patológicos muy concretos), sino causas sociológicas... De hecho, muchos de los problemas psicológicos de cualquiera de nosotros, y de los suicidas (por descontado), tienen una causa social... ¿Dónde diablos se han metido los sociólogos? En 1898 fue establecido por Durkheim que el suicidio tenía causas sociales (pincha)... Apuntaba a la importancia de las redes sociales del individuo... Y ya ha llovido mucho desde entonces. Se ve que los paraguas del Estado español (y de los sociólogos españoles) son impermeables a este problema. ¿Serían igualmente impermeables si el 80% de quienes se quitan la vida fueran mujeres? No lo creo... EL PAÍS escribe que "los profesionales consultados coinciden en que la muerte voluntaria es casi siempre consecuencia de una enfermedad mental que pudo permanecer inadvertida"... Estoy seguro de que si el 80% de quienes se quitan la vida fueran mujeres, "los profesionales consultados" por EL PAÍS no habrían sido sólo psicólogos y psiquiatras... Los sociólogos habrían aparecido en la palestra. No digamos las sociólogas feministas...
Por otra parte, en el reportaje de EL PAÍS se pretende vincular las altas cifras de suicidios con la crisis económica... Pero hay algo que pasan por alto. EL PAÍS afirma al mismo tiempo que las cifras de suicidios "se han mantenido estables desde hace cinco años" (eso nos lleva a 2006 como último año de crecida -véase de nuevo la fotografía de este post, arriba-), luego difícilmente la causa del repunte puede ser una crisis que no fue reconocida como tal en España hasta bastante después. Y se ve que desde que la crisis está presente el número de suicidios se mantiene en España más o menos estable... Las causas del alto número de suididios en España han de ser necesariamente otras. Hay algo que debe ser respondido por los responsables de la publicación de los datos estadísticos: ¿por qué desde 2006 (precisamente el año que se produjo la subida al escalón de suicidios en el que nos mantenemos desde entonces) se dejó de publicar, como se hacía con anterioridad, el número de suicidios desglosado en función del estado civil? ¿Por qué? La respuesta debe de ser alguna. ¿Cuál es? (Una advertencia: el silencio oficial en la respuesta lo interpreto como un reconocimiento de que, con esa injustificada medida, simplemente trataron de ocultar la relación entre el incremento de los suicidios de varones en 2006 y la entrada en vigor de la Ley Integral contra la Violencia de Género y la aprobación de la reforma de la Ley de Divorcio en 2005).

Ni una sola vez (ni una sola) se mencionan en el reportaje de EL PAÍS datos que muestren diferencias en el número de suicidios en función del sexo... Ya pueden imaginar que eso sería impensable si el 80% de los suicidios en España correspondiesen a mujeres.
Es injustificable que en el reportaje de EL PAÍS se oculte que casi el 80% de los suicidios en España corresponden a varones. ¡Hace falta no tener vergüenza! Ni profesionalidad, por supuesto (pincha aquí para contrastar los datos).



Este es el reportaje de EL PAÍS

REPORTAJE: vida&artes

Faltan radares para anticiparse al suicidio

La voluntaria es la primera causa de muerte violenta en España - Un estudio global detecta un aumento relacionado con la crisis - La OMS exige políticas preventivas a las autoridades sanitarias

MARÍA VICTORIA ENNIS 10/09/2011

  • Cada día de 2009 nueve personas se quitaron la vida en España
  • Solo Cataluña tiene un plan específico para la atención al paciente en riesgo
  • La doctora Pilar Saiz considera que "no se está haciendo nada"
  • La asistencia psiquiátrica se limita a uno o dos encuentros al mes
  • "La muerte es todavía una opción para mí", dice Laura
  • Andrés le contó a un amigo su intento de suicidio: "Hablar me ayudó"

Andrés cerró los ojos y arriesgó su vida. Cuando puso un pie en la calle pensó lo que todavía piensa: "La vida no es gran cosa". Atravesó la acera con más miedo a la vida que a la muerte. Esa noche, algo lo salvó. "Cuando abrí los ojos todos los coches se habían detenido y yo seguía vivo".
Cada día se suicidan en España nueve personas, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística -publicados el pasado julio y correspondientes a 2009- empujados principalmente por la depresión, el alcoholismo y la esquizofrenia. La muerte voluntaria encabeza la lista de causas violentas de defunción, con un total de 3.429 víctimas; apenas ocho más que en 2008.
Las cifras se han mantenido estables desde hace cincos años. Hasta entonces, los accidentes de tráfico eran la principal causa de fallecimientos violentos. No es que después hayan aumentado los suicidios sino que ha bajado el número de accidentes; en 2009 fueron un 14,6% menos que el año anterior. España es, sin embargo, uno de los países europeos con una tasa media de suicidios: 7,6 por cada 100.000 habitantes, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La OMS y las Naciones Unidas (ONU) instan desde 1996 a desarrollar políticas de prevención, una vez constatado que las muertes voluntarias en el mundo superan a las provocadas por homicidios y guerras y que en 2020 las víctimas podrían ascender a un millón y medio. Ya en 2005 la organización sanitaria estableció que en los siguientes cinco años, en 2010, los países de la Unión Europea tenían que incluirla en sus políticas nacionales.
"Estamos en 2011 y no se ha hecho nada en plan práctico", acusa el presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS), Javier Jiménez Pietropaolo. "No se está llevando a cabo a nivel estatal ningún programa de prevención de suicidios", asevera. "El único es el de Cataluña", apunta. El psicólogo señala, además, que solo Madrid, Andalucía, Murcia, Galicia y Baleares cuentan con planes de salud mental que engloban Programas de Prevención.
Las cifras locales no se mueven. Pero sí las mundiales, según un reciente estudio de la revista científica The Lancet que vincula la recesión económica de 2008 con el aumento de suicidios en la Unión Europea. La publicación relaciona directamente el aumento del desempleo entre 2007 y 2009 (un 35% más en toda la UE) con el incremento de las muertes voluntarias. Esa es la razón por la que, al igual que en España, el suicidio termina liderando las causas externas de muerte en toda la UE.
"Los países que se enfrentan a los reveses financieros más graves, como Grecia e Irlanda, presentaron una mayor tasa de suicidios (un 17% y un 13%, respectivamente) que otros, y en Letonia aumentaron en más del 17% entre 2007 y 2008", analiza The Lancet. Los autores del estudio creen que "las medidas de protección social como las políticas activas de mercado y las fuertes redes de apoyo social podrían mitigar el aumento previsto de los suicidios".
La doctora Pilar Saiz, miembro de la Sociedad Española de Psiquiatría, denuncia la situación en España. "La cantidad de muertes por suicidio no ha aumentado pero tampoco ha bajado", lo que para ella indica que "no se está haciendo nada". Los datos muestran, según esta experta, una situación estable al alza que considera preocupante y reprocha a las autoridades sanitarias que no asuman que "el suicidio es un verdadero problema en este país". La doctora considera que "sería muy adecuado que se pusieran en marcha campañas preventivas". La directora de la Asociación de Ayuda a Enfermos Graves y Personas en Duelo (Alaia), Dulce Camacho, cree además que falta un seguimiento personalizado del paciente. "La atención de la Seguridad Social se limita como mucho a una vez al mes y faltan centros para los pacientes en periodos en crisis", asegura. Camacho es psicóloga y conoce el problema en carne propia: su hija se quitó la vida hace años. Ahora lidera una asociación que atiende a unos 120 familiares y amigos de víctimas.
Víctor Pérez, director de la Unidad de Psiquiatría del Hospital de la Santa Creu y Sant Pau de Barcelona y coordinador de la Alianza Europea contra la Depresión (EAAD, por sus siglas en inglés), sentencia que "hay que vigilar de una forma especial a las personas que han intentado suicidarse; hay que seguirlos".
Pérez cree que reducir las tasas es muy complicado. "El suicidio es un final dramático de una enfermedad. A nadie le gusta hablar del suicidio, ni a los familiares, y muchas veces el sistema sanitario no registra las defunciones bajo esa causa de muerte", analiza. Su diagnóstico de las políticas preventivas estatales no es bueno. "Hoy no tenemos radares para el suicidio", resume. En los centros sanitarios que dirige Pérez en Cataluña se han reducido las tentativas hasta un 30% gracias a un plan desarrollado por la EAAD, en el que participan 18 países. La atención es personalizada. En ella, los profesionales de la salud reciben una capacitación específica y realizan un seguimiento exhaustivo del paciente. Camacho conoce la efectividad del plan y lamenta que no exista en Madrid. "Se podría aplicar aquí, pero no hay recursos", se lamenta.
Con una asistencia médica reducida a uno o dos encuentros mensuales, los pacientes buscan consuelo en los grupos de ayuda mutua. La Asociación Bipolar de Madrid, una organización sin ánimo de lucro que depende de la Federación Madrileña de Asociaciones Pro Salud Mental, es uno de ellos. Cinco pacientes han aceptado compartir sus historias.
"La muerte es todavía una opción para mí". Laura (el nombre con el que prefiere identificarse para no exponer su identidad real) tiene los ojos negros como el abismo y una tristeza cruel en su voz. Intentó suicidarse hace algunos años. Desde hace cuatro meses sabe que tiene trastorno bipolar. "Tu familia no lo entiende muy bien, no lo puedes decir en el trabajo y tienes que vivir el día a día como escondido. Con tantas pastillas como las que tengo ahora, guardo la muerte en el cajón", sentencia echada hacia atrás, en uno de los pupitres de la asociación. "Es que está clarísimo, están ahí", masculla con la mirada perdida hacia el suelo.
Julián es un hombre robusto, de 60 años, que apenas cabe en el asiento. Tiene en la mano lápices de colores estridentes. Tiene la voz grave, habla fuerte y escribe con un tamaño de letra exagerado. Deja atrás unos seis o siete libros, cuya lectura es simultánea e incompleta y comienza a contar su experiencia, con aparente alegría. "En 1991 hubo una conferencia internacional muy importante en mi trabajo y yo tenía que saber inglés pero no sabía. Tenía miedo de que me despidieran, no me sentí a la altura de las circunstancias", relata. "Cuando mi mujer llegó a casa y me vio durmiendo a las cinco de la tarde, me preguntó qué hacía y yo le conteste: espero la muerte". Se ríe al recordar la surreal conversación. Al concluir, saca de entre la pila de libros un doble retrato y lo abre a la vista de todos. Son sus dos hijos en la foto de su graduación. "Por esto me arrepiento totalmente de lo que hice. En el trayecto de mi casa al hospital rezé mil veces el avemaría y todas las plegarias que me sabía. Cuando me pusieron la sonda y vi cómo salían todas las pastillas del estómago pensé: 'Estoy salvado'. Tenía en la mente a mis hijos, lo que dejaría, su educación, su juventud, que me harían abuelo y me lo perdería". Cuando cuenta esto, ha dejado de sonreír.
Andrés tiene 43 años y, según él, ha probado muchos tratamientos para la bipolaridad que no funcionaron. "Tuve muchos años pensamientos muy dolorosos", cuenta. "Hace mucho intenté suicidarme porque seguía con pensamientos dolorosos. Después de un año se lo conté a un amigo y se me fueron esos sentimientos malos. En mi caso, hablar me ayudó", resume.
Himelda es pura dinamita. Al menos esa tarde y a esa hora; las cinco y media. "Yo también tuve sentimientos dolorosos, pero no decides de un día para otro que vas a intentar suicidarte. Es una idea que vas madurando", cuenta a toda velocidad y parpadeando cinco veces por segundo. Lamenta que le hayan diagnosticado la bipolaridad hace poco. "Me lo descubrieron después de muchos años sin saber qué me pasaba, mientras me cambiaban la medicación a cada rato".
Todos reciben cobertura social del Estado pero quisieran que las visitas al psiquiatra fueran más frecuentes y que se complementen con terapia psicológica. La información para familiares, pero, sobre todo, para la sociedad en general, también la apuntan como una cuenta pendiente porque creen que les ayudaría a sentirse más comprendidos.
Carmen Del Hoyo tiene 68 años y dos hijos con esquizofrenia. Uno de ellos se suicidó hace ocho años, a los 32. El otro está internado tras varios intentos. Habla con ternura y se mueve con paciencia. "Hace falta un seguimiento día a día, que cuando alguien padece una enfermedad mental sea tratado con dignidad y no como un apestado", explica lentamente.
La atención psicológica se reduce, según los propios pacientes, a una visita una o dos veces al mes. "Al enfermo mental se le ha de estar encima, al lado y debajo. Si es necesario que un psiquiatra vea a una persona cada semana, que lo haga", exige Del Hoyo con ceño fruncido y en tono casi de súplica.
Del Hoyo insiste en que para evitar suicidios, se necesita mucho amor: "Algunos me han dicho que mi hijo les da miedo, que les impresiona la mirada... ¿Qué tiene la mirada? No se dan cuenta de que reciben la mirada que dan. Hay que tratarlos con ternura. La escucha es importantísima en la enfermedad mental. La caricia fomenta caricias y la violencia fomenta violencia. Los perros muerden a las personas que tienen miedo".
Los profesionales consultados coinciden en que la muerte voluntaria es casi siempre consecuencia de una enfermedad mental que pudo permanecer inadvertida. Julián, quien lo ha padecido en carne propia, lo ilustra claramente: "Uno lleva el cuerpo algo que es como pólvora y de repente el estrés hace ¡Pam! Y se dispara la enfermedad".
Los profesionales y los familiares exigen mayor prevención. "Aproximadamente el 50% de los que concretan un suicidio lo habían intentado antes, y de cada 10 personas que terminan con su vida, tres o cuatro no son conocidas en el sistema sanitario", apunta Saiz.
La demanda común es el seguimiento intensivo del paciente con una atención multidisciplinar para que las cifras de suicidio se muevan hacia abajo.
Los países de la UE con índices más altos de suicidios son, según la Organización Mundial de la Salud, Lituania, con una tasa de 34,1 por 100.000 habitantes, Hungría, con 24,6 y Letonia, con 22,9, según datos de 2009. En cuanto a los países limítrofes, Portugal registra un promedio de 9,6, mientras que en Francia la tasa está en 16,3.
Cuando se observa el mapa del mundo elaborado por la OMS, se ve que hay una franja roja que va del este de Europa hasta Japón (zonas con proporción de suicidios de más de 13 por 100.000 habitantes, y otra morada (una tasa inferior a 6,5) que va prácticamente de México a Brasil. En Europa hay de todo. Proporciones muy altas como las ya comentadas, medias -España incluida- o muy bajas (Italia y Reino Unido están en la zona morada).