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martes, 9 de diciembre de 2014

Los varones también crían hijos


Este artículo de EL PAÍS introduce el paternalista ('maternalista') tópico habitual:
  • Si las mujeres han dado pasos de gigante, se han incorporado al mundo del trabajo y han ganado en libertades, los hombres a menudo viven los cambios con cierto desconcierto, a remolque, sin tener muy claro el lugar que quieren ocupar en el nuevo reparto.
Por mi parte, tengo perfectamente claro "el lugar que quiero ocupar". Otra cosa es que el sistema económico, y por tanto la sociedad civil y la política, vayan mucho más despacio en lo que se refiere a desactivar los roles del género masculino que los del femenino. Y ésa es una tarea de los hombres (y las mujeres) de hoy. Porque las mujeres no están menos "desconcertadas" que los varones respecto a los roles del género masculino... Claro que pocas mujeres lo reconocen. Algunas creen tener las ideas claras al respecto (así lo aseguran), pero en realidad desean una cosa ahora y la contraria a los diez minutos... Obviamente sus caprichos no son (ni pueden ser) un referente de conducta para nadie. Ni siquiera para los hombres... Los referentes de conducta son los valores, y esos se dilucidan en el debate público. Sin paternalismos (ni 'maternalismos'). Y sin la dirección de la secta feminazi de guardia. Con libertad. ¿"Desconcierto de los hombres"? No me hagan reir...

Ellos también crían

Grupos de hombres con hijos exploran cómo ganar protagonismo en la paternidad y cómo redefinir los roles de género en la pareja

Madrid 4 DIC 2014 

Sentada la pareja en la consulta, la pediatra mira a la madre para explicarle cómo debe suministrar el antibiótico al pequeño. Cuando el profesor les cuenta cómo va el niño, ella es también el blanco de las miradas. Si salen a comprar ropa de bebé, la opinión de él no cuenta.
Estas situaciones ilustran dinámicas sociales y familiares contra las que una creciente minoría de hombres comienza a rebelarse. Cada vez más padres se encuentran incómodos en el papel de actores secundarios en la crianza de sus hijos. Quieren dejar de ser ayudantes de unas madres todopoderosas a las que se les atribuye el don innato de criar. No quieren ayudar, quieren compartir decisiones, emociones y trabajo doméstico a partes iguales. Quieren ser padres mucho más presentes. Este magma de reflexiones y frustraciones es el que ronda las cabezas de los nuevos padres, hombres que se juntan por toda España para explorar otras formas de ejercer la paternidad, distintas de las que aprendieron de sus padres.
A última hora de la tarde, media docena de padres se deja caer por La cocinita de Chamberí, una tienda de alimentación infantil de Madrid en la que se reúnen cada 15 días. Raúl Fernández, asiduo desde hace nueve meses explica su porqué: “Quiero vivir la paternidad de un modo más intenso que mi padre. Ellos lo hicieron lo mejor que pudieron, pero nosotros lo queremos hacer de otra manera. No nos gusta el rol de padre macho ni autoritario; buscamos la autoridad por otras vías, con más afecto”, explica Fernández, trabajador de una empresa de telefonía móvil con una niña de cinco años. Luego llegan Fernando —padre de dobles mellizos—, Abraham, Chema y el resto del grupo, al que han llamado Si los hombres hablaran. En este espacio comparten dudas, frustraciones, consejos y encuentran refugio entre unos iguales que nadan a contracorriente en una sociedad en la que la mayoría de los hombres no acaba de participar plenamente en la crianza de los hijos.
Si las mujeres han dado pasos de gigante, se han incorporado al m trabajo y han ganado en libertades, los hombres a menudo viven los cambios con cierto desconcierto, a remolque, sin tener muy claro el lugar que quieren ocupar en el nuevo reparto. “Ante estos cambios, el hombre moderno intenta reubicarse y buscar un nuevo espacio, pero resulta muy complejo y, con frecuencia, se encuentra perdido”, escribe Ramón soler, coautor de Una nueva paternidad (Pedagogía Blanca).
En la crianza, el cambio definitivo queda aún muy lejos. Ellas son por ejemplo, las que mayoritariamente solicitan la prestación por maternidad, a pesar de que el padre puede compartirla si quiere. Apenas 3.771 hombres disfrutaron de ese permiso frente a 206.884 madres de enero a septiembre de este año, según datos de la Seguridad Social. Es decir, los padres que se acogieron a prestaciones más allá de los 15 días de paternidad suman el 1,7% del total de permisos. Algo parecido sucede con las excedencias por cuidado de un familiar, de las que solo el 7,7% las solicitaron hombres. Ellas son también mayoritariamente las que se reducen la jornada, las que se ausentan del trabajo cuando el niño está enfermo o las que le llevan al dentista. Es cierto que cada vez se ve a más hombres en los parques y en las reuniones escolares, pero son aún casi la excepción. “Para que la sociedad realmente cambie, resulta ineludible definir y delimitar el papel del nuevo padre”, apunta Soler.
Madrid, Barcelona, Alicante o Pamplona son algunas de las ciudades en las que funcionan grupos de crianza de hombres. “Es una explosión”, señala Javier Domingo, el psicólogo que el año pasado puso en pie Si los hombres hablaran. “Y crecerán, porque detectamos mucho interés. Los hombres no suelen hablar de lo que les pasa como padres, mientras que para las mujeres es más fácil compartir preocupaciones con las amigas, la familia o los grupos de lactancia”.
Como psicólogo, Domingo se topa a menudo con parejas en crisis cuyas relaciones se agrietan con la llegada de los niños y en las que el difícil ajuste de reparto de roles no acaba de producirse. “Muchos hombres nunca han tenido que cuidar a nadie”, explica. “Cuando tienen hijos son frecuentes dos tipos de comportamientos. Por un lado, la evasión: se quedan en el trabajo hasta que los niños están bañados, se entregan al running, al Candy crush o se apuntan a webs de contactos. Por otro lado, se someten a los dictados de su pareja, que decide cómo se cría al niño, y se frustran, porque se sienten permanentemente juzgados”. El grupo de Domingo se mira en un espejo llamado The good man Project, cuyos creadores definen como “una conversación internacional sobre lo que significa ser un hombre en el siglo XXI” para tratar de “comprender su papel en un mundo en pleno cambio”.

Los padres que se acogieron a prestaciones más allá de los 15 días de paternidad suman el 1,8% del total de permisos

A ese cambio le dan también vueltas en El Arenero, un grupo nacido hace mes y medio en Madrid. Andrés Muñoz está detrás de la iniciativa. Su motivación nació de una reflexión sobre las relaciones afectivas entre padre e hijo: “Quería encontrar mi manera de relacionarme con mi hijo, sin reproducir los roles que había aprendido. Los hombres desarrollamos mucho lo racional, pero menos los sentimientos. Yo no quería ser el duro, el que castigaba, y su madre la que le consolara. No me apetecía ese papel”. Muñoz buscó libros de autoayuda sobre crianza, pero vio que sobre todo estaban dirigidos a mujeres y optó por montar su grupo. “La receptividad ha sido brutal”, dice. “Hay mucha necesidad de hablar y de cuestionar”. Al Arenero los hombres van con sus hijos, porque creen que de lo contrario la actividad supondría una carga más para la madre.
El reparto de las tareas en casa es uno de los temas estrella en este y otros grupos. A estas alturas. Sí, porque incluso en los universos domésticos más igualitarios, la llegada de los niños desbarata cualquier equilibrio de género posible. Lo certifica Leandro Carmona, coordinador de La Tribu, un grupo de Barcelona. “Los padres que vienen se plantean una distribución más equitativa de las tareas. Quieren responsabilizarse más allá de llevar el salario, pero no siempre es fácil. A veces, las mujeres no quieren perder su exclusividad, que es toda una identidad”.
Ese es otro de los grandes temas del debate de los nuevos padres. Alejandro Busto, psicólogo y fundador de El diván de Peter Pan disiente de Carmona. Para él, el latiguillo de que las mujeres no ceden espacio corre el riesgo de convertirse en coartada. “Hay parte de inseguridad en los hombres, pero también comodidad. Cuando tú quieres ser parte, eres parte. Si desde el principio te implicas, lees desde el embarazo, participarás”. Aún así, Busto piensa que el entorno sociolaboral está plagado de prejuicios sobre el papel de los padres. “Lo que está claro es que cuando nos apetece ser parte de esta historia, los hombres lo tenemos más complicado”.

La papesfera despega

La Red es un buen espejo de la mutación que átraviesan los llamados nuevos padres. Al boom de tuiteras y blogueras sobre asutnos de crianza -desde el blog de qué bonito es mi niño, pasando por el de qúe agotada estoy o la conciliación es poco más que un mito- le ha seguido su némesis en versión paternal. Aunque hay muchísimos menos, en España hay ya decenas de iniciativas en Internet dedicadas a la crianza y diseñadas por y para padres (hombres).
Armando Bastida es padre, enfermero y un bloguero con mucho tirón. “Este es un momento en el que estamos rompiendo con la educación que recibimos de pequeños. Muchos padres no quieren repetir la educación autoritaria que recibieron y buscan otro camino”, cuenta por teléfono desde Cataluña mientras cambia el pañal a uno de sus hijos que gimotea al fondo.
“Cada vez veo más padres implicados. En las charlas, cada vez vienen más y cuelgan más comentarios en mi blog”. Lo abrió hace ya ocho años, al poco de nacer uno de sus hijos. Fue entonces cuando sintió la necesidad de expresar lo que iba viviendo, lo que le iba pasando. Desde entonces, ha escrito más de 2.500 entradas dedicadas a la crianza.
Las vivencias de padre primerizo y la incomprensión de una sociedad en la que no acaban de cuajar los nuevos modelos de paternidad son los grandes temas de la que ya se conoce como papaesfera. Relató con humor algunos de esos econtronazos con el mundo real Enric Bastardas, otro ciberpadre, durante la presentación de #papiconcilia, una iniciativa que pelea por horarios de conciliación para padres que trabajan y que aspiran a llegar a casa antes de que sus hijos estén ya en la cama. “Despierto a mi hijo, le doy el desayuno, le visto, le monto en el carrito y salimos a la calle a pasear. Una señora se para a mirarnos y le dice al bebé: ‘Ay hijo cómo te ha abrigado tu madre”. Es lo que Bastardas llama con cierta sorna las abuelas sin fronteras, espontáneas de la vida, propensas a ofrecer consejos no solicitados y considerar a los hombres incapaces de criar a sus propios hijos.

Fuente: http://politica.elpais.com/politica/2014/12/04/actualidad/1417690549_128325.html 


sábado, 27 de abril de 2013

Consecuencias de la ideología de género en la relación paterno-filial (María Calvo Charro)


https://www.youtube.com/watch?v=49sOO2ea-8g

La ideología de género y sus consecuencias sobre la relación paterno-filial

Por Maria Calvo Charro (profesora titular de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III)
Publicado el 20 de febrero de 2012
 

Como señala Anatrella, la revolución del 68, fue en realidad una “revuelta contra el padre y contra todo lo que él representaba”. Desde entonces y hasta ahora la sociedad ha desprovisto de valor la función del padre, no les tiene en cuenta, su autoridad ha sido ridiculizada, las mujeres prescinden de ellos de forma manifiesta, lo que provoca que los hijos les pierdan absolutamente el respeto. En estas circunstancias, cuando el padre no es significativo para la madre, el niño lo percibe y él mismo se coloca en su lugar convirtiendo la función paterna en inexistente[1].

La actual devaluación de la función paterna, provocada por el convencimiento social generalizado de que el padre y la madre son intercambiables, de que no hay diferencias biológicas entre los sexos y de que las mujeres pueden sacar adelante a sus hijos en soledad, ha provocado en los últimos años que muchos niños crezcan en ausencia absoluta de un modelo paterno, con los efectos negativos que tal omisión tiene sobre su equilibrado desarrollo personal y académico.
Varios estudios demuestran que la ausencia del padre, física o simplemente psíquica, puede tener efectos devastadores sobre los niños, incluyendo problemas de salud serios, ya que su sistema inmunológico se ve afectado por el estrés que genera tal situación de desamparo, y ello a pesar de los esfuerzos de las madres en estos casos para compensar las carencias afectivo-educativas desde el ángulo paterno.
Huérfanos de padres vivos:
La ausencia física del padre y sus devastadores efectos
En su obra “Sola por elección. Madre por elección. Cómo las mujeres están eligiendo la maternidad fuera del matrimonio y creando una nueva familia americana”, la profesora de estudios de la mujer del Wellesley College, Rosanna Hertz, afirma con rotundidad que los padres simplemente no son necesarios. El núcleo familiar es el constituido por la madre y el hijo. Los hombres en el mundo actual están obsoletos.
En la misma línea, Peggy Drexler, profesora de la Universidad de Cornell, en su libro: “Educando a los niños sin hombres”, mantiene la bondad de criar a los hijos sin la presencia de un padre, por madres solteras o parejas de lesbianas[2].
La presencia y papel del padre, incluso en la procreación y maternidad, se considera perfectamente prescindible. Hay madres solteras que instrumentalizan a los padres biológicos, a los que no permiten participar luego en su vida y que no tienen ningún derecho sobre el niño. Estas mujeres, puesto que ellas han decidido solas el momento de su fecundidad, ocultándolo al padre, consideran al niño como un bien propio y exclusivo. Por otra parte, la ingeniería genética amenaza con su total sustitución, las técnicas de laboratorio han logrado que el origen y dependencia de un padre se esfumen definitivamente[3].
En este ambiente, madres solteras, abandonadas, separadas o divorciadas intentan criar solas a sus hijos con la creencia infundada de que ellas se bastan y sobran. Idea que es absolutamente errónea, puesto que la función materna y la función paterna no son iguales ni intercambiables. Es indiscutible que el desarrollo emocional de los niños está en directa relación con la cariñosa, educativa, disciplinante e imprescindible interacción constante de ambos progenitores.
En Estados Unidos, según estadísticas recientes, uno de cada tres niños crece sin padre actualmente (dos de cada tres, si nos referimos a niños pertenecientes a minorías). Esta constituye la tendencia demográfica más perjudicial de esta generación: hay 24,7 millones de niños norteamericanos en esta situación (36,3%) un número mayor que el de americanos afectados por cáncer, Alzheimer y SIDA juntos[4].
El Dr. Wade Horn, fundador de la National Fatherhood Initiative (NFI) afirma que hoy en día 25 millones de niños norteamericanos tienen más posibilidades de ver un padre en la televisión que en su propio hogar. Aproximadamente un 40% de niños norteamericanos nacen actualmente fuera del matrimonio, lo que normalmente significa muy poca o ninguna relación con el padre biológico[5].
Según Blankenhorn, en este siglo la sociedad se dividirá prácticamente al 50% en dos grupos diferenciados, no por razón de raza, clase o religión, sino por el patrimonio vital que diferenciará a aquellos que crecieron con padre de aquellos que carecieron del mismo[6]. Cuando en una sociedad el fenómeno de la ausencia paterna adquiere carácter masivo, deben esperarse consecuencias no sólo en el devenirpsicológico del individuo, sino también a nivel social.

Problemas de los niños y jóvenes sin padre
El efecto de la ausencia de padre en la salud y bienestar de los niños es muy negativo[7].Diversos estudios muestran cómola carencia de padre está en la base de la mayoría de los problemas sociales actuales más urgentes, desde la pobreza y la delincuencia, hasta el embarazo de adolescentes, abuso infantil y violencia doméstica10. Hace treinta años se pensaba que los motivos principales de las conductas conflictivas de los chicos se encontraban en la pobreza o discriminación. Hoy se sabe, como señala el Dr. Dobson, que sin la guía y dirección de un padre, la frustración de los muchachos les conduce a variadas formas de violencia y comportamiento asocial[8].
El sociológo, Duncan Timms (University of Stockholm, 1991) realizó un seguimiento de todos los niños nacidos en Suecia en 1953 durante 18 años. Se le hizo un psicodiagnóstico a cada uno de estos 15.000 niños a intervalos regulares. Los que presentaron un grado mayor de disfunción psicológica fueron varones nacidos de madre soltera y que crecieron sin padre. Son convergentes con estas conclusiones los resultados de un seguimiento de más de 17.000 menores de 17 años que realizó en Estados Unidos el National Center for Health Statistics (1988 National Health Interview Survey of Child Health): el riesgo de disfunción psicológica (problemas emocionales y/o de conducta) es significativamente más alto para niños que han crecido sin padre (entre 2 y 3 veces más alto) (Dawson, 1991).
Ronald y Jacqueline Angel, investigadores de la Universidad de Texas, publicaron un trabajo en 1993 en el que evalúan los resultados de todos los estudios cuantitativos que analizaron los efectos de la ausencia paterna: "El niño que crece sin padre presenta un riesgo mayor de enfermedad mental, de tener dificultades para controlar sus impulsos, de ser más vulnerable a la presión de sus pares y de tener problemas con la ley. La falta de padre constituye un factor de riesgo para la salud mental del niño".
Diversas estadísticas demuestran que los adolescentes sin padre: se embarcan antes y en mayor medida en experiencias sexuales; tienen mayor riesgo de abusar de drogas como el alcohol y la marihuana; tienen más posibilidades de sufrir enfermedades mentales y suicidarse; sufren más proporción de abandono escolar y criminalidad (estos efectos se agudizan cuando se trata de niños que experimentaron el divorcio de sus padres siendo menores de cinco años[9]); la mayoría de los niños con carencias afectivas por parte de su padre sufren problemas de identidad sexual y emocionales, como ansiedad y depresión; son menos solidarios y empáticos y tienen significativamente menos capacidad intelectual[10]. Son más agresivos, tienen menos autocontrol y escaso sentido de culpabilidad[11].
En general necesitan más ayuda psiquiátrica. El 80% de los adolescentes en hospitales psiquiátricos provienen de familias rotas[12]. En 1988, un estudio realizado sobre niños de preescolar en tratamiento psiquiátrico en los hospitales de Nueva Orleans descubrió que cerca del 80% provenían de hogares sin padre[13].
En EEUU, el 29.7% de los niños sin padre y el 21.5% de los hijos de padres divorciados que viven solo con su madre han repetido al menos una vez curso, en comparación con el 11,6 % de los que viven con su padre y su madre biológicos[14]. También acceden menos a la Universidad[15]. Un estudio realizado sobre 156 víctimas de abusos sexuales mostró que la mayoría pertenecían a familias sin padre[16].
El 43% de los muchachos en prisión crecieron en hogares monoparentales[17]. El 72% de los chicos que han cometido algún asesinato y el 60% de los que cometieron violación crecieron sin padre[18]. El porcentaje aumenta cuando se refiere a niños y jóvenes de color[19].
Según el Dr. Muñoz Farias, los niños que crecen sin una figura paterna, generalmente evidencian trastornos en la adolescencia porque no encuentran una identidad:Los jóvenes sufren de inseguridad, soledad y depresión, que pueden plasmarse en el fracaso escolar, consumo de drogas y vagancia. En definitiva, no tienen la capacidad para controlar sus impulsos y no pueden autorregularse”.
Estos niños, luego en la edad adulta tendrán dificultad para ejercer debidamente la paternidad por falta de ejemplos masculinos. Según el sociólogo Peter Karl, los niños que pasan más del 80% del tiempo con mujeres, luego en la madurez no saben cómo actuar como hombres.Estos jóvenes crecen como padres deformados porque a ellos mismos se les privó de un comportamiento paterno ejemplar. Y es absolutamente erróneo pensar que la función materna puede llenar ese vacío.

Padres desprestigiados: La muerte social del padre
Actualmente, muchas familias sufren el denominado por los psicólogos “síndrome de la función paterna en fuga”: aunque el padre está presente físicamente, no ejerce su papel.
La gran pérdida cultural no es del padre en sí mismo, sino de la paternidad como función insustituible y esencial. Sufrimos actualmente lo que David Gutmann denomina la "desculturización de la paternidad".Cuyo principal y más patente resultado es la fragmentación de la sociedad en individuos atomizados, aislados unos de otros, y extraños a las necesidades y bienestar que demanda la familia, la comunidad, la nación.
La sociedad ha devaluado progresivamente la función paterna y ha rechazado la figura del padre como limitador o instancia de frustración del hijo. El modelo social ideal y dominante es el consistente en la relación madre-hijo. Y el padre solo es valorado y aceptado en la medida en que sea una especie de “segunda madre”; papel éste exigido en muchas ocasiones por las propias mujeres que les recriminan no cuidar, atender o entender a los niños exactamente como ellas lo hacen. Los hijos captan estas recriminaciones y pierden el respeto a los padres a los que consideran inútiles y patosos en todo lo que tenga que ver con la educación y crianza de los niños.En palabras de Anatrella: “Es el inoportuno, el no deseado, aquel que no tiene espacio entre la madre y el hijo. Debe ser el espectador benévolo de la pareja madre/hijo”.
Reina la idea roussoniana de que la dirección y el consejo paterno impiden el crecimiento corporal y anímico del niño. En este clima social imperante el padre siente su propia autoridad como un lastre y su ejercicio le genera mala conciencia, por lo que intenta ir de “amigo” de su hijo en lugar de ejercer la función paterna que le corresponde[20]. Los padres de parejas separadas o divorciadas que solo ven a sus hijos algún fin de semana, acaban cambiando la relación padre-hijo por una relación de “colegas”. En lugar de ayudar con los deberes o formar en valores llevan a sus hijos de compras, al cine o a cenar[21]. Los estudios demuestran que en muchos casos los padres divorciados poco a poco van perdiendo el contacto hasta que finalmente dejan de ver a sus hijos definitivamente[22].
No obstante, a pesar de la extendida ausencia física del padre y de la devaluación de la función paterna debida a la crisis de identidad que actualmente sufren los varones, las estadísticas muestran cómo, por regla general, van en aumento las cifras de hombres que desean implicarse junto a su mujer y que además de trabajar fuera de casa han asumido con responsabilidad y compromiso la tarea de criar a sus hijos y colaborar en las tareas del hogar[23]. Sin embargo, muchos de ellos, aunque manifiestan una clara preocupación por el bienestar y por la educación de sus hijos, no saben cómo ejercer correctamente su papel, muchas veces porque las mujeres les exigen un comportamiento según las pautas femeninas, lo que les genera frustración, desánimo e incomprensión.

Qué es un padre: La función paterna
Padre no es simplemente aquel que colabora en la procreación de un niño, ni un progenitor más o menos preocupado por los vástagos. La simple presencia física del padre no basta para un desarrollo equilibrado de los hijos. Asimismo es errónea la creencia de que el padre debe ejercer su función imitando los modelos de conducta femeninos, como si de una madre-bis se tratara. Padre, en sentido estricto, es algo mucho más profundo. Es aquel que ejerce correctamente la función paterna, entendiendo por tal aquella que reúne las siguientes circunstancias: 1) Permite al hijo individualizarse, separándolo de la madre; 2) Impone al hijo el orden de filiación frente a sus pretensiones de omnipotencia; 3) Ayuda al hijo a adquirir su identidad sexual.
1) Permite al hijo individualizarse, separándolo de la madre.
La relación madre-hijo, por mucho que algunos quieran, nada tiene que ver con la relación paterno-filial[24]. Aquella funciona, según Anatrella,“como un universo cerrado, en el que, a falta de padre, la madre configura con el hijo una pareja”.
El padre, habiéndose ausentado, física o psíquicamente, no juega ya su papel de “separador” que es el que, precisamente, permite al niño diferenciarse de la madre, y se produce una insana mutua interdependencia. Así, es probable que en la adolescencia el niño utilice la violencia-transgresión para afirmar su propia existencia. El niño que ha tenido una relación excesivamente estrecha con su madre, acaba sintiéndose “devorado” por ésta, la ve como un impedimento a sus deseos de autoafirmación y masculinidad y suele reaccionar contra ella con desprecio y agresividad. Gurian advierte de la sólida relación estadística existente entre los niños problemáticos y violentos y los niños sin padre[25].
Las madres animales parecen conocer de esta necesidad y –en ausencia del macho– para hacer combativos a sus vástagos y para permitirles vivir en una naturaleza profundamente hostil en la que cualquiera se arriesga a ser devorado, no dudan en maltratarlos para alejarlos de ellas mismas. Las madres humanas, por el contrario, luchan por evitar a sus crías todo tipo de sufrimiento y tienden a darles cuanto necesiten; haciéndolas adictas al placer –reproduciendo y prolongando así la placentera vida uterina– y provocándoles a largo plazo la más inmensa de las infelicidades, pues los convierten en seres carentes de la dimensión adulta, niños eternos, en palabras de Savater, “envejecidos niños díscolos”[26]. Situación que es del todo antinatural, al hacer perdurar indebidamente la vida pueril, impidiendo la realización del deseo inherente a todo niño de incorporarse al universo del adulto.
La negación de la función paterna pone en peligro a toda la sociedad. En ausencia del padre, surge una relación de pareja entre la madre y el hijo que perjudica el equilibrio psíquico de ambos. Una vez adolescentes, muchos de aquellos niños no tienen otro medio de probar su virilidad más que el de oponerse a la mujer-madre, incluso por medio de la violencia. En palabras de Anatrella: “cuando el padre está ausente, cuando los símbolos maternales dominan y el niño está solo con mujeres, se engendra violencia”.
En este sentido, señala Cordés, que quien busca los motivos de la predisposición hacia la violencia solo o principalmente en factores socioeconómicos se queda en la superficie del problema. Se queda satisfecho con una teoría de socialización de cortos vuelos (H.D. Köning); infravalora el influjo de la familia y el enorme efecto del comportamiento paterno, pasando por alto la influencia decisiva de las relaciones intrafamiliares[27].
El psicólogo forense Shaw Johnson nos muestra cómo la investigación demuestra que no hay nadie más capacitado para frenar la agresión antisocial de un muchacho que su padre biológico[28]. Algunos trabajos de investigación sugieren que la función paterna tiene una influencia crítica en la instauración y desarrollo de la capacidad de controlar los impulsos en general y el impulso agresivo en particular, es decir, la capacidad de autocontrol[29]. Esta relación entre función paterna y control de impulsos tiene posiblemente un papel importante en las adicciones (Stern, Northman & Van Slyk, 1984). De hecho el 50% de los toxicómanos en Francia y en Italia provienen de familias monoparentales (Olivier, 1994).
El padre es quien permite enfrentar la realidad y la separación o insertar entre la madre y el hijo un espacio que libera de la inmediatez y la fusión con los seres y las cosas. El padre otorga libertad. Padre es aquel que se ocupa del hijo, con el que crece y se identifica[30]. El padre concede al hijo un sentimiento de seguridad y de alteridad frente a la madre. La función paterna es indispensable para que el niño asuma su propia individualidad, identidad y autonomía psíquica necesaria para realizarse como sujeto[31]. Un padre afectuoso pero con autoridad, que dé cariño pero que marque límites y motive al niño hacia la superación de retos personales, será la ayuda más eficaz para la separación del varón de su madre y el correcto y equilibrado desarrollo de su esencial identidad masculina.
La relación de una madre con los hijos varones para ser exitosa debe moverse en un delicado equilibrio entre la intimidad y la independencia. Cercanía y distancia es la dialéctica que mantiene viva y sana la relación madre-hijo. Esta sincronía puede verse sin embargo afectada por aquellas madres que se niegan a romper los lazos de dependencia con los hijos y se empeñan por mantener el cordón umbilical sine die.
2) Impone al hijo el orden de filiación frente a sus pretensiones de omnipotencia.
El matriarcado social y educativo perjudica el correcto y equilibrado desarrollo de los hijos al favorecer personalidades individualistas y narcisistas, pues la madre y su función materna no es por lo general capaz de limitar los deseos de omnipotencia del niño.
El padre permite al hijo adquirir el sentido de los límites, marca las prohibiciones, le sitúa en el lugar que le corresponde, le impone el orden de filiación frente a sus pretensiones de omnipotencia y le ayuda a madurar integrándose en el universo del adulto y así en la realidad. El padre impone la “ley simbólica de la familia”, de tal manera que el hijo-niño con tendencia a la tiranía comprende que no es él a quien compete dictar la ley, sino a otra instancia exterior representada por su padre.El padre introduce la ley en un vínculo previo, para determinar una ruptura y un nuevo reordenamiento.

El niño que no ha experimentado el conflicto edípico –chocar con el padre y sus corolarios sociales– tiene muchas posibilidades de lanzarse en su juventud a comportamientos asociales, violentos, agresivos e incluso a tendencias homosexuales. Estos jóvenes no encuentran el límite a su psicología que impone la presencia de la función paterna que les ayuda a interiorizar el sentido de la ley y en consecuencia, como no saben “cómo pertenecer”, roban, agreden y son violentos para ocupar, a la manera primitiva, un territorio[32].
La intervención del padre coloca al niño en el tiempo real:“Este respeto forzado del tiempo que se deslizará entre madre e hijo pondrá al niño en el tiempo del que tiene una necesidad vital y del que sus congéneres se han visto privados seriamente en estos últimos decenios. Este niño aceptará mejor el límite, la disciplina, no será más el tirano que vemos todos los días y será, por fin, un adolescente más sereno”[33].
Es por medio de la intervención paterna como el niño choca contra el mundo del adulto y sufre los dolores de tropiezo con una realidad –siquiera sea fragmentaria– que ya no es su propia realidad, la realidad por él creada, sino “La Realidad”. Lo que sin duda favorece la conducción de la infancia a la hombría[34]. El padre es la “no-madre” que ha de mostrar al hijo cómo funciona el mundo y cómo ha de encontrar su lugar en él. Debe ser el “puente humano” que une al hijo con la vida pública de compromiso y responsabilidad[35].
Corresponde sobre todo a los padres “disciplinar” a los hijos. Diversos estudios demuestran cómo los varones responden mejor a la disciplina cuando ésta viene impuesta por otro hombre[36]. El padre tiene un papel decisivo en el desarrollo del autocontrol y la empatía del niño, dos elementos esenciales e imprescindibles para la vida en sociedad. La capacidad de controlar impulsos es necesaria para que una persona pueda funcionar dentro de la ley. Es imprescindible tener incorporada la capacidad de postergar en el tiempo la gratificación, de resistir el impulso a actuar en un momento determinado. Es un componente crítico de la conducta responsable del individuo en sociedad, pero no el único. Es también necesaria la capacidad de registrar y tener en cuenta los sentimientos de otras personas, es decir, tener capacidad de empatía.
Un trabajo de investigación basado en un seguimiento de niños y jóvenes durante 26 años reveló que el mejor indicador de empatía en el adulto es haber tenido un padre involucrado. Más que cualquier variable asociada a la conducta de la madre, la empatía, que da la posibilidad de tener un buen registro del sufrimiento del otro, y así inhibir la agresión, es nuevamente un tema de función paterna[37].
Si los padres no ayudan a los hijos con su autoridad amorosa a crecer y preparase para la vida adulta, serán las instituciones públicas las que se vean obligadas a imponerles el principio de realidad, no con afecto sino por la fuerza. Y de este modo no se logran ciudadanos adultos libres y responsables[38].
Muchas madres tratan de evitar los “conflictos” padre-hijo, sin percibir que son procesos necesarios en la configuración de la personalidad de los varones. Su relación está sometida a competencia constante, tensión y confrontación. Cada uno intenta marcar su territorio y límites. Sin embargo, estos choques esporádicos acaban generando una unión paterno-filial fuerte y sólida cuando el chico pasa la adolescencia. Si la madre no comprende esto y los mantiene separados para evitar los conflictos estará rompiendo sin darse cuenta una fina línea de comunicación que quizá nunca vuelva a restablecerse.
3) Ayuda al hijo a adquirir su identidad sexual.
La diferencia de sexos encarnada por el padre, juega por otra parte, un papel de revelación y confirmación de la identidad sexuada. La masculinidad no se puede aprender en los libros, es algo que los padres pasan a los hijos sin percibirlo apenas. Tanto la chica como el chico tienen tendencia al comienzo de su vida, a identificarse con el sexo de la madre. Sin embargo, es el padre, en la medida en que es reconocido por la madre, el que va a permitir al hijo situarse sexualmente[39].
El psicoanalista Stoller ha demostrado que el niño, sea del sexo femenino o masculino, vive una identificación primera con su madre y, por lo tanto, con la sexualidad femenina. El chico comprometido en esta identificación primitiva conoce un itinerario más difícil que la chica para liberarse de su madre y afirmar su virilidad.
A este propósito señala el Dr. Liaño que todo hace pensar que la condición básica del fenotipo sexual es femenina y a ella tiende de forma espontánea el nuevo ser; ha de haber un esfuerzo añadido para que se quiebre esa tendencia a la feminidad y aparezca el ser masculino. Como afirmó Alfred Host: “Llegar a ser macho es una aventura larga, difícil y arriesgada. Es una especie de lucha contra la inherente tendencia a la feminidad”[40].
El papel del padre es fundamental en cuanto referente de masculinidad. Todo niño, de forma temprana, entre los tres y los cinco años, debe sufrir una desconexión y diferenciación de la madre, para pasar a experimentar una identificación con el padre. Si en ese momento el padre está ausente o es inaccesible y distante los niños difícilmente adquirirán la noción de la masculinidad[41].
Anatrella es contundente al respecto: “Sólo frente al padre el chico será confirmado en su masculinidad y la chica podrá feminizarse”[42]. La sola existencia del padre al lado de la madre proporciona alimento psíquico al niño para distinguirse y acceder a la autonomía. Es a través de la intermediación del padre que se realiza de la mejor manera el proceso de sexualización y la interiorización de la identidad sexual del niño[43].
En la misma línea, el psicoanalista Erikson, afirma: “El acompañamiento que el padre realiza en el proceso en el que el niño construye su propia identidad es insustituible”[44]. Asimismo, la psicóloga A. Horner explica: “Una vez establecido el curso de la identidad femenina de la chica es relativamente interrumpido. La identidad femenina esencial se origina en las primeras relaciones con la matriz. Mientras que la identidad sexual del chico depende de su capacidad de diferenciarse de la matriz”[45].
En este sentido, señala Anatrella que históricamente cada vez que las sociedades han estado dominadas por el matriarcado educativo y que el papel de las mujeres se ha sobrerrepresentado, hemos asistido a un predominio social de la homosexualidad pues el muchacho lucha contra la invasión maternal-femenina por medio de la fusión del parecido con uno mismo[46].
El niño busca su masculinidad alejándose y diferenciándose de la madre. En este estadio comenzará a buscar más la identidad con su padre, aunque volverá a su madre siempre que necesite cariño y comprensión, consciente de que la conexión amorosa con aquella permanece a pesar de su “declaración de independencia”. Además estas muestras de cariño son un lenguaje que el niño debe aprender para ser capaz posteriormente de expresar sus sentimientos y afectividad hacia otros[47].
Los niños necesitan modelos masculinos para convertirse en hombres. A partir de los 7 años los niños prefieren la compañía de hombres. Sin embargo, pasan la mayor parte del tiempo de su vida rodeados de mujeres. Cuando se priva a un joven de un modelo adecuado de masculinidad, aquel en sus actitudes tiende a exagerar los estereotipos machistas porque nunca ha recibido la imagen justa y equilibrada de lo que significa ser hombre.

La importancia del padre en el equilibrio personal de los hijos
Uno de los más destacados sociólogos de Estados Unidos, el Dr. David Popenoe, afirmaba recientemente lo siguiente:Los padres son mucho más que simplemente los segundos adultos del hogar. Los padres implicados traen múltiples beneficios a los niños que ninguna otra persona es capaz de aportar”[48].
La poderosa influencia de un padre sobre sus hijos es única e irremplazable. Los estudios demuestran una serie de diferencias cualitativas entre los niños que han crecido con o sin padre. Los niños que se han beneficiado de la presencia de un padre interesado en su vida académica, emocional y personal, tienen mayores coeficientes intelectuales y mejor capacidad lingüística y cognitiva; son más sociables; tienen mayor autocontrol; sufren menos dificultades de comportamiento en la adolescencia; sacan mejores notas; son más líderes; tienen la autoestima más elevada; no suelen tener problemas con drogas o alcohol; desarrollan más empatía y sentimientos de compasión hacia los demás; y cuando se casan tienen matrimonios más estables[49].
Algunos estudios sugieren que la implicación activa del padre es especialmenteimportante desde los primeros instantes de vida de los niños. En esta línea, un trabajo de Bronte-Tinkew (2008), centrado en el análisis de expresiones de balbuceo y capacidades de exploración, pone de manifiesto que los niños cuyos padres están más implicados en su cuidado y supervisión presentan una probabilidad más baja de sufrir retrasos cognitivos.
Una investigación llevada a cabo en Israel, demostró que los niños prematuros cuyos padres los visitan con mayor frecuencia ganan peso más rápido y tienen muchas más posibilidades de abandonar el hospital en corto plazo que los que no reciben visitas paternas[50].
Junto a estos trabajos centrados en el desarrollo infantil, es cada vez más importante la evidencia que relaciona las actividades educativas de los padres con sus hijos en los primeros años de vida con los rendimientos escolares en etapas más avanzadas.
Las dos figuras, paterna y materna, son indispensables, para el equilibrado desarrollo de la personalidad y para una correcta socialización. Si falta la alteridad sexual, al niño le faltará lo más esencial para su correcto desarrollo psíquico y las consecuencias estamos solo comenzando a percibirlas.
Es fundamental que los padres se involucren en las actividades diarias de los hijos[51]. Los niños son más propensos a confiar en su padre y buscar en él apoyo emocional cuando el progenitor está implicado e interesado en su vida. Y muestran un mayor nivel académico y menores problemas de disciplina si sus padres, con afectividad, les imponen normas claras, prohibiciones razonadas y límites a su comportamiento[52].
Además, como demuestran las estadísticas, lo que más desea cualquier niño es que su padre pase tiempo con él. Según la Dra. Meeker, lo que todo hijo necesita de su padre es principalmente: tiempo, afecto y aprobación. Nada eleva más la autoestima de un hijo que saber que a su padre le gusta estar con él. Se sienten seguros sabiendo que son importantes para sus padres y merecedores de su atención[53]. Estos padres estarán enseñando a sus hijos un modelo saludable y digno de masculinidad. Probablemente nuestros hijos no recordarán todas las “charlas” que les hemos impartido sobre las virtudes y valores, pero siempre quedarán impactados por el ejemplo de vida dado por sus padres[54]. 

María Calvo Charro
Profesora Titular de Derecho Administrativo en
la Universidad Carlos III de Madrid


[1] T. Anatrella, La diferencia prohibida, ed. Encuentro, 2008.
[2] Citado por K.Parker, Save the males, ed.Random House, 2008, p.82.
[3]“El instinto maternal me llamaba cada vez más y no estaba dispuesta a esperar más tiempo a encontrar el hombre adecuado”. Esta es la respuesta que ofrecen la mayoría de las madres que han recurrido a la adopción, la inseminación artificial o han tenido relaciones sexuales que han dado como fruto un hijo y no han avisado al padre de la situación. Las cifras del Instituto de la Mujer reflejan que el número de personas en esta situación no deja de crecer. Mientras en el 2002 había 33.000 madres “por elección”, como se autodenominan en internet, el año 2009 se contabilizaron 81.000.
[4]Promoting Responsible Fatherhood Initiative, United States Department of Health and Human Services, 2006.
[5]J. A. Martin, B. E. Hamilton, P. D. Sutton, S. J. Ventura, et al, Births: Final Data for 2006. National Vital Statistics Reports: Volume 57:7. Hyattsville, MD: National Center for Health Statistics. 2009. The exact proportion is 38.5%. Among white children, 26.6% are born out of wedlock.
[6] D. Blankenhorn, Fatherless America, Confronting our most urgent social problem, New York: HarperCollins Publishers, 1995
[7] Datos extraídos de National Fatherhood Initiative, http://www.fatherhood.org
[8] J.Dobson, Bringing up boys, ed. Tyndale, 2001, pág.56.
[9]David M. Fergusson, John Horwood and Michael T. Lynsky, "Parental Separation, Adolescent Psychopathology, and Problem Behaviors," Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry 33 (1944).
[10]Greg L. Duncan, Jeanne Brooks-Gunn and Pamela Kato Klebanov, "Economic Deprivation and Early Childhood Development," Child Development65 (1994).
[11]E.M. Hetherington and B. Martin, "Family Interaction" in H.C. Quay and J.S. Werry (eds.), Psychopathological Disorders of Childhood. (New York: John Wiley & Sons, 1979)
[12]J.B. Elshtain, "Family Matters...", Christian Century, July 1993. William Galston, Elaine Kamarck. Progressive Policy Institute. 1993
[13]Jack Block, et al. "Parental Functioning and the Home Environment in Families of Divorce," Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 27 (1988). Nicholas Zill, Donna Morrison, and Mary Jo Coiro, "Long Term Effects of Parental Divorce on Parent-Child Relationships, Adjustment and Achievement in Young Adulthood." Journal of Family Psychology 7 (1993).
[14]Wallerstein, Family Law Quarterly, 20. (Summer 1986).
[15]J. Debra Dawson, "Family Structure and Children's Well-Being", Journals of Marriage and Family, No. 53. (1991).
[16] Beverly Gomes-Schwartz, Jonathan Horowitz, and Albert P. Cardarelli, "Child Sexual Abuse Victims and Their Treatment," U.S. Department of Justice, Office of Juvenile Justice and Delinquency Prevention.
[17]US Bureau of Justice Statistics, Survey of State Prison Inmates. 1991.
[18]D. Cornell (et al.), Behavioral Sciences and the Law, 5. 1987. And N. Davidson, "Life Without Father," Policy Review. 1990. Alan Beck et al., Survey of Youth in Custody, 1987, US Bureau of Justice Statistics, 1988.
[19]Tom Luster and Hariette Pipes McAdoo, "Factors Related to the Achievement and Adjustment of Young African-American Children." Child Development 65 (1994): 1080-1094
[20] Como afirma F. Savater: “El padre que no quiere figurar sino como 'el mejor amigo de sus hijos´, algo parecido a un arrugado compañero de juegos, sirve para poco...Y desde luego las instituciones públicas de la comunidad sufren una dura sobrecarga pues cuanto menos padres quieren ser los padres más paternalista se exige que sea el Estado”. (El valor de educar, ed.Ariel, Barcelona, 2004, pág.63)
[21]F. Furstenberg, A. Cherlin, Divided Families . Harvard Univ. Press. 1991.
[22]William Aquilino, Later Life Parental Divorce and Widowhood, Journal of Marriage and the Family 56. 1994.
[23] En casi la mitad de los hogares, los hombres participan corresponsablemente en estas actividades, ya sea porque lo hacen de una manera equitativa con su pareja o bien porque toman ellos la iniciativa. En estos hogares, por ejemplo, un 43% de los padres se distribuyen equitativamente con la madre la tarea de leer cuentos a sus hijos, y un 16% de los padres lo hacen con carácter preferente. En los hogares donde el progenitor tiene estudios primarios el grado de corresponsabilidad es menor. Un 29% de padres participa equitativamente en esta tarea, y solo un 8,9% la asume como principalmente propia. El reparto más igualitario de tales actividades probablemente contribuya a incrementar la dedicación conjunta, y por tanto acarree mayores beneficios al niño, al ser el grado de compromiso paternal el que se aproxima a los estándares que mantiene la madre, más que lo contrario. Datos extraídos del Informe de la Fundación de la Obra Social de la Caixa, Infancia y futuro, Nuevas realidades, nuevos retos, Colección estudios sociales, n.30, 2010.
[24] Como señalaba Juan Pablo II en su carta apostólica Familiaris Consortio: “Como la experiencia enseña, la ausencia del padre provoca desequilibrios psicológicos y morales, además de dificultades notables en las relaciones familiares”.
[25] Vid. al respecto M. Gurian, A fine young man, What parents, mentors, and educators can do to shape adolescent boys into exceptional young men. New York: Tarcher/Putnam, 1999.
[26]F. Savater, El valor de educar, ed.Ariel, 2004.
[27] P. J. Cordes, El eclipse del padre, ed. Palabra, 2004, págs.50-51.
[28] Citado por M. Meeker, 100% Chicos, ed. Ciudadela, pág.161
[29]Mischel, 1961a; Mischel, 1961b; Biller, 1974; Biller, 1976; Biller, 1982; Biller, 1993; Biller, 1994; Biller & Trotter, 1994; Haapasalo & Tremblay, 1994; Patterson & DeBaryshe, 1989; Phares & Compas, 1992; Herzog, 1982; Snarey, 1993; Lisak, 1991; Lisak & Roth, 1990.
[30]En su retorno a Freud, Lacan va a resaltar la importancia del padre enunciada por el fundador del psicoanálisis. Lo hará al formalizar el mito edípico a modo de metáfora, en la que se destacará el papel fundamental del padre como privador de lamadre. Es imprescindible que el NO del padre se haga ley para la madre. En la conceptualización de este proceso se revela la función normalizadora del padre en tanto corte y barrera respecto del deseo incestuoso. Se trata de una función de interdicción.
[31]Vid. al respecto, P. J. Cordes, El eclipse del padre, ed. Palabra, 2004.
[32] T. Anatrella, La diferencia prohibida, Sexualidad, educación y violencia. ed. Encuentro, 2008, págs.24.
[33] A. Naouri, Padres permisivos, hijos tiranos, ediciones B, 2005.
[34] M. García Morente, Rev. de Pedagogía, 1928. Escritos pedagógicos, ed. Espasa-Calpe, 1975.
[35] P. J. Cordes, El eclipse del padre, ed. Palabra, 2004, pág.68.
[36]The Importance of Fathers in the Healthy Development of Children, Jeffrey Rosenberg and W. Bradford Wilcox 2006, U.S. Department of Health and Human Services, Administration for Children and Families, Administration on Children, Youth and Families Children´s Bureau, Office on Child Abuse and Neglect.
[37]Koestner, Franz & Weinberger, 1990. Otros estudios confirman esta conexión entre función paterna y empatía: Sagi, 1982; Biller, 1993; Biller & Trotter, 1994.
[38] Vid. F. Savater, El valor de educar, ed. Ariel, Barcelona, 2004, pág.65
[39] T. Anatrella, La diferencia prohibida, ed. Encuentro, 2008, p.58.
[40] H. Liaño, Cerebro de hombre, cerebro de mujer: a un mismo tiempo, iguales y distintos, en el libro colectivo: Cerebro y educación, ed. Almuzara, 2008, pág.22.
[41] J. Dobson, Bringing up boys, ed. Tyndale, 2001, pág.58.
[42] T. Anatrella, La diferencia prohibida, ed.Encuento, 2008, pág.224.
[43] T. Anatrella, Antropología y defensa de la vida y de la familia, en la obra colectiva: La política al servicio del bien común, CEU Ediciones, 2010, pág.449.
[44]Citado por P. J. Cordes, en la obra: El eclipse del Padre, ed. Palabra, 2004, pág.65.
[45] Citados por M. Gurian, ¿En qué estará pensando? Ed.rano, 2004, pág.196.
[46] T. Anatrella, La diferencia prohibida, ed. Encuentro, 2008, pág.21.
[47] Sobre la relación madre-hijo, vid. D. Kindlon, M. Thompson, Raising Cain, Protecting the emotional life of boys, 2000.
[48]D. Popenoe, Life without father: Compelling new evidence that fatherhood and marriage are indispensable for the good of children and society, New York, NY: The Free Press; Stanton, G. T. (2003), p.163. How fathers, as male parents, matter for healthy child development [On-line]. Disponible: http://www.family.org/cforum/fosi/marriage/fatherhood/a0026230.cfm.
[49]Datos extraidos del National Center for Fathering; www.fathers.com
[50] Rachel Levy-Shiff, Michael A. Hoffman, Salli Mogilner, Susan Levinger, i Mario B. Mogilner, Fathers´ Hospital Visits to their Preterm Infants as a Predictor of Father-Infant Relationship and Infant Development. Pediatrics, Vol. 86, 1990, pàgs. 291-292. Els autors són de la Bar-Ilan University i el Kaplan Hospital d´Israel.
[51]Un padre preocupado por la educación de sus hijos y su correcto desarrollo personal y social, no sólo beneficia a su hijo sino que se beneficia a sí mismo, pues diversos estudios muestran que los padres implicados en la atención a los hijos adolescentes tienen mayor éxito profesional que los que no lo estánSnarey, John R. Fathers care for the next generation, Cambridge, MA, US. Harvard University Press, 1993.
[52]Datos extraídos de W.F. Horn y T. Sylvester, en su obra: Father Facts, National Fatherhood Initiative, MD, 2002.
[53] M. Meeker, 100% Chicos, ed. Ciudadela, 2011, pág.37 y 157.
[54] La presencia del padre no tiene porqué ser constante, como tampoco la de la madre, pero hay momentos en los que tiene una especial importancia. Un estudio realizado por el Dr. Blake Bowden, del Hospital Infantil de Cincinnati, sobre una muestra de 527 adolescentes, mostró que aquellos niños cuyos padres desayunaban, comían o cenaban al menos cinco veces a la semana con ellos tenían muchas menos probabilidades de tener problemas en la escuela, alteraciones de conducta o consumo de drogas. Otra investigación sobre 11.572 adolescentes llegó a la conclusión de que la presencia del padre, temprano por las mañanas, después del colegio y a la hora de la cena y de acostarse, era fundamental para la educación de adolescentes tranquilos y con éxito escolar. M. D. Resnick, Protecting adolescents from harm findings from The National Longitudinal Study of Adolescencet Health, Journal of the American Association, 10 septiembre 1999.

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