Mostrando entradas con la etiqueta Suicidio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Suicidio. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de enero de 2016

Una investigación sobre el suicidio, una aguja en un pajar

Cabe esperar datos sobre el suicidio en 2014 en España en el mes de marzo de 2016, ya que se publicaron a comienzos de marzo de 2015 los datos de 2013. 
Incluyo en esta entrada del blog un artículo publicado en EL PAÍS acerca de una investigación sobre el suicidio. En numerosas ocasiones he denunciado en este blog la vergonzosa ausencia de investigaciones sociológicas acerca de este fenómeno y especialmente acerca de las causas de la masculinización del suicidio. Por este motivo, esta investigación constituye una excepción de la que debo hacerme eco. La rigurosidad de tal investigación y la validez de sus conclusiones tendrá que ser confrontada con los hechos y sometida al escrutinio de los investigadores. Sin embargo, la mera presencia de este estudio en la prensa española merece ya un reconocimiento por tratarse de un ejemplar casi único:


Los machos suicidas, o cómo el perfeccionismo puede ser mortal

Los suicidios masculinos superan en número a los femeninos en todo el mundo. La ciencia explica por qué

Los hombres se suicidan más que las mujeres
La presión para conseguir el éxito laboral, la conciliación familiar y el reconocimiento social es uno de los factores de riesgo de suicidio actual.
Drummond consiguió por fin realizar sus sueños. Había sido un largo camino desde que, de niño y con gran molestia, no pudo superar el acceso a secundaria. Fue una gran decepción para su madre, pero sobre todo para su padre, que era ingeniero en una empresa farmacéutica. Éste nunca había mostrado un gran interés por él de pequeño; nunca jugaban juntos y si se portaba mal lo inclinaba sobre el respaldo de una silla y le daba una zurra. Así eran los hombres de entonces. Un padre era objeto de temor y respeto. Un padre era un padre.
Fue duro ver pasar cada mañana frente a su casa a los alumnos de secundaria con sus gorras, tan elegantes. El sueño de Drummond siempre había sido llegar a director de una pequeña escuela en un pueblo tan perfecto como el que le vio crecer, pero sólo consiguió plaza en un instituto técnico como aprendiz de carpintero y albañil. Su asesor laboral casi rompe a reír cuando Drummond le habló de sus aspiraciones profesionales, pero no por ello cesó en su empeño. Luchó por hacerse un hueco en la universidad y se convirtió en presidente del sindicato de estudiantes. Encontró trabajo de profesor, se casó con su novia de toda la vida y poco a poco se abrió camino hasta dirección, en un pueblo de Norfolk. Tenía tres hijos y dos coches. Su madre estaba orgullosa al menos.
Fue así como acabó solo, sentando en un pequeño cuarto, y barajando la posibilidad de suicidarse.

Factores de riesgo

La impulsividad, la melancolía obsesiva, los niveles bajos de serotonina o la falta de dotes sociales son algunas de las vulnerabilidades que aumentan el riesgo de suicidio. El presidente de la Academia Internacional de Investigación del Suicidio, el profesor Rory O’Connor, lleva veinte años estudiando los procesos psicológicos que se esconden tras la muerte autoinfligida. “¿Ha visto las noticias?”, pregunta. Los periódicos matutinos muestran los datos más recientes: en el 2013 se registraron 6.233 suicidios en el Reino Unido. Mientras que la tasa de suicidio femenino se mantiene más o menos estable desde 2007, la de los hombres se encuentra en su nivel más alto desde 2001. Casi ocho de cada diez suicidios son masculinos, una cifra que lleva más de tres décadas en aumento. En 2013, la causa más probable de muerte para un hombre de entre 20 y 49 años no era ni asalto, ni accidente de tráfico, ni las drogas, ni un ataque al corazón, sino la propia decisión de no seguir viviendo.
Aquellos que se dedican al estudio del suicidio, o que trabajan en organizaciones benéficas de salud mental, están empeñados en convencer a los curiosos de que rara vez, si acaso, existe un único factor que explique una muerte autoinducida, y que la enfermedad mental, y más comúnmente la depresión, precede por lo general a ese evento. “Pero lo más alarmante es que la mayoría de los depresivos no se suicidan”, me comenta O’Connor. “Menos del 5% lo hacen. Así que la enfermedad mental no lo explica. Para mí, la decisión de suicidarse es un fenómeno psicológico. Aquí, en el laboratorio, lo que pretendemos es entender la psicología de la mente suicida”.
Estamos sentados en el despacho de O'Connor en el Gartnavel Royal Hospital. A través de la ventana, bajo un cielo sombrío, se alza la torre de la Universidad de Glasgow (Escocia). Sobre un tablón de corcho, dibujos de sus dos hijos, un monstruo naranja y un teléfono rojo. Oculta en el armario, una siniestra colección de libros: Comprender el suicidio, Por su propia mano inocente, y Una mente inquieta, la célebre crónica de la locura, de Kay Redfield Jamison.
En 2013, la causa más probable de muerte para un hombre de entre 20 y 49 años no era ni asalto, ni accidente de tráfico, ni las drogas, ni un ataque al corazón, sino la propia decisión de no seguir viviendo
El Laboratorio de Investigación de Conductas Suicidas de O’Connor trabaja con supervivientes en hospitales, evaluando sus casos dentro de las primeras 24 horas tras un intento, y haciendo el seguimiento de su progreso posterior. También llevan a cabo estudios experimentales para poner a prueba hipótesis sobre cuestiones tales como la tolerancia al dolor en personas suicidas, o los posibles cambios cognitivos tras períodos breves de estrés inducido.
Tras años de estudio, O’Connor descubrió algo sorprendente acerca de las mentes suicidas. Se llama perfeccionismo social, y podría ayudarnos a comprender por qué los varones tienden tanto a suicidarse.

El padre perfecto

Drummond se casó con Livvy, su novia de ojos marrones, a la edad de 22 años. Dieciocho meses después se convirtió en padre. Al poco tiempo ya tenía dos niños y una niña. El dinero era escaso, por supuesto, pero él era fiel a sus responsabilidades. Daba clases durante el día y trabajaba detrás de la barra de un bar por la noche. Los viernes acudía a hacer el turno de noche en una bolera, de 6 de la tarde a 6 de la mañana. Dormía durante el día y regresaba a tiempo de hacer un nuevo turno la noche del sábado. A continuación, el turno del almuerzo en un pub los domingos, un pequeño descanso, y vuelta al cole en la mañana del lunes. No veía mucho a sus hijos, pero para él lo más importante era garantizar la comodidad de su familia.
Además de trabajar, Drummond también estudiaba, decidido a hacerse con la titulación necesaria para ser director. Más ambición, más progresos. Consiguió nuevos trabajos en escuelas mejores. Guiaba a su familia hacia un destino mejor. Sentía que era un buen líder . El marido perfecto.
Tras años de estudio, O'Connor descubrió algo sorprendente acerca de las mentes suicidas. Se llama perfeccionismo social
Sólo que no lo era.

El valor de los roles

Cuando se es un perfeccionista social, uno tiende a identificarse con los roles y responsabilidades que cree tener en la vida. “No se trata de lo que uno espera de sí mismo”, explica O’Connor, “sino de lo que cree que piensan los demás. Que ha decepcionado a otros, que ha fracasado como padre, como hermano, o lo que sea”.
Esto puede resultar especialmente tóxico, pues se están juzgando los juicios imaginados de otras personas acerca de uno mismo. “No tiene nada que ver con lo que la gente piensa realmente acerca de uno,” asegura. “Sino con lo que uno cree que ellos esperan. Lo verdaderamente problemático es que esto está siempre fuera de tu control”.
La primera vez que O’Connor supo de la existencia del perfeccionismo social fue leyendo estudios con sujetos universitarios norteamericanos. “Pensé que no sería lo mismo dentro de un contexto británico, y que no funcionaría con personas procedentes de entornos más adversos, pero vaya que sí. Es un efecto sorprendentemente robusto. Lo hemos estudiado en las zonas más desfavorecidas de Glasgow”. Su primer estudio tuvo lugar en el 2003, con veintidós personas que habían intentado suicidarse recientemente, más un grupo de control. Fueron evaluados mediante un cuestionario de quince preguntas para medir el acuerdo con afirmaciones tales como: ‘El éxito está en trabajar todavía más para complacer a los demás’, o ‘la gente no espera de mí menos que la perfección’. “La relación entre perfeccionismo social y tendencias suicidas está presente en todas las poblaciones con las que hemos trabajado”, dice O’Connor, “tanto entre los desfavorecidos como entre los ricos".
Lo que aún no conocemos es el por qué. "Manejamos la hipótesis de que los perfeccionistas sociales son mucho más sensibles a las señales de fracaso dentro del entorno", comenta.
Casi ocho de cada diez suicidios son masculinos, una cifra que lleva más de tres décadas en aumento
Pero, ¿se trata de un fracaso percibido, a la hora de ajustarse a las expectativas, y sobre cuáles son los roles a los que los hombres sienten que deben ajustarse, ¿padres? ¿proveedores? “La sociedad está sufriendo cambios”, responde O’Connor, “ahora también tienes que ser el Sr. Metrosexual. Las expectativas son aún más grandes, hay más oportunidades para que un hombre pueda sentir que fracasa”.

La presión en Asia 

La capacidad de percibir las expectativas ajenas, junto a la catastrófica creencia de no estar cumpliendo con ellas, muestra un rápido crecimiento en Asia, cuyas tasas de suicidio se han disparado. Corea del Sur es el país peor parado de la zona; algunos cálculos aseguran que ya posee la segunda tasa de suicidios más alta del mundo. Cerca de 40 surcoreanos toman su propia vida cada día, según informes del 2011. En 2014, una encuesta de la Fundación para la Promoción de la Salud en Corea, reveló que algo más de la mitad de sus adolescentes había tenido pensamientos suicidas durante el año previo.
Un psicólogo social de la Universidad Inha de Corea del Sur, el profesor Uichol Kim, cree que esto puede deberse en gran parte a la miseria desatada tras el vertiginoso paso del país de la pobreza rural a la opulencia urbana. Hace sesenta años, el país estaba entre los más pobres del mundo, asegura, comparando su posguerra con el estado de Haití tras el terremoto del 2010. En el pasado casi todo el mundo vivía en comunidades agrícolas, mientras que hoy, el 90% vive en zonas urbanas.
Este cambio ha hecho añicos los cimientos de una cultura que, durante 2.500 años, había estado profundamente arraigada en el confucianismo, un sistema de valores que obtiene su sentido de la subsistencia en pequeñas comunidades agrícolas, frecuentemente aisladas. “La vida giraba en torno la cooperación y el trabajo en común”, explica Kim. “Por lo general, se trataba de una cultura basada en compartir, dar y cuidar. Pero en la ciudad moderna es todo mucho más competitivo, más basado en la superación de logros”. El significado de éxito personal ha cambiado para la gran mayoría. “Ahora uno se define según su estatus, su poder o su riqueza, y esto no forma parte de la tradición cultural”. ¿A qué se deben estos cambios? “Un estudioso de Confucio, viviendo en una granja dentro de una aldea, podría ser muy sabio, pero nunca dejaría de ser pobre”, afirma Kim. “Hemos querido enriquecernos”, y como resultado, hemos sufrido una especie de amputación del significado personal. “Hablamos de una cultura sin raíces”.
ampliar foto
Trabajadores en un edificio de Corea del Sur, donde la tasa de suicidios es la segunda más alta del mundo.
También se trata de una cultura cuyo camino hacia el éxito está entre los más exigentes -Corea tiene el horario laboral más prolongado de entre todas las naciones prósperas de la OCDE– además de ser de los más estrictos. Si fracasas como adolescente, es fácil sentir que has fracasado de por vida. “La empresa más respetada de Corea es Samsung”, afirma Kim. Entre el 80% y el 90% de su plantilla proviene de tres únicas universidades. “A no ser que consigas acceder a una de ellas, no podrás conseguir trabajo en ninguna de las principales corporaciones”. 
Pero se trata de algo más que la perspectiva de empleo para la juventud del país. “Si eres un buen estudiante obtendrás el respeto de tus profesores, de tus padres y de tus amigos. Serás popular, y todos querrán salir contigo”. La presión para conseguir este nivel de perfección, no sólo social, puede ser inmensa. “La autoestima, la consideración social y el estatus, se combinan todos en una única meta”, asegura. Y “¿qué pasa si no lo consigues?”.
El cambio de la vida agraria a la urbana en Corea del Sur ha hecho añicos los cimientos de una cultura que, durante 2.500 años, había estado profundamente arraigada en el confucianismo, un sistema de valores que obtiene su sentido de la subsistencia en pequeñas comunidades agrícolas, frecuentemente aisladas

"Devaluado como hombre"

Por si fuera poco, además de todo el trabajo a tiempo parcial que hacía por dinero, y sus estudios, Drummond también realizaba labores de voluntariado que le quitaban aún más tiempo de estar con su mujer y sus hijos. Livvy se quejaba de lo mucho que trabajaba, decía sentirse abandonada. "Estás más interesado por tu carrera que por mí", le insistía. Y el constante trasiego de las mudanzas de una escuela a otra tampoco ayudaba.
De la primera aventura se enteró mientras trabajaba de voluntario en un hospital de King’s Lynn. Una mujer le hizo entrega de un fajo de papeles: “Son las cartas que tu mujer le ha estado escribiendo a mi marido”, le espetó. Tenían una alta carga erótica, pero lo peor de todo fue descubrir lo prendada que Livvy había estado de aquel hombre.
Drummond se fue a casa dispuesto a enfrentarse a su esposa. Livvy no pudo negarlo. Estaba todo allí, de su propio puño y letra. Se enteró de todas las escenas que habían tenido lugar en la calle del amante; con ella conduciendo calle arriba y abajo, frente a su casa, tratando de verlo. Pero Drummond fue incapaz de dejarla; los niños eran pequeños, y ella le había prometido no volver a hacerlo. Así que decidió perdonar.
Drummond solía ausentarse los fines de semana para hacer cursos de formación. Al volver un día a casa descubrió que el coche de Livvy había sufrido un pinchazo, y que un policía local le había cambiado la rueda. Aquello, pensó él, había sido muy amable por su parte. Un tiempo más tarde, su hija de 11 años le contó, cubierta en lágrimas, que había pillado a su madre en la cama con el policía.
El siguiente amante de Livvy fue un visitador médico. Esta vez llegó a dejarle, si bien regresó a casa un par de semanas más tarde. Drummond lidió con ello de la única manera en que sabía hacerlo: resignándose. No era su estilo venirse abajo, llorar o patalear. No tenía amigos masculinos cercanos con los que hablar, y aunque lo hubiera hecho, es poco probable que hubiera dicho nada. No es el tipo de cosas que uno arde en deseos de contar, que tu mujer anda por ahí poniéndote los cuernos. Fue entonces cuando Livvy decidió que quería separarse.
Ellos están principalmente motivados para el avance, centrados en ir abriendo paso. Las mujeres se preocupan más por el clima organizativo, por cómo conectan con el resto. Creo que esto puede extrapolarse a facetas más allá del entorno laboral”
Livvy se quedó con la casa y los niños tras el divorcio; el lote completo. Una vez pagada la manutención no es que quedara gran cosa para Drummond, pero nadie lo supo en el colegio. Allí seguía siendo el varón modélico en quien tantos años había invertido: el director de éxito y el marido con tres hijos en la flor de la vida. Pero aquello no podía durar. Un día se le acercó un monitor y le preguntó: "¿Es cierto que tu mujer se ha mudado?".
Para entonces ya estaba viviendo en una gélida habitación de alquiler en una granja a las afueras de King’s Lynn. Se sentía completamente devaluado como hombre. Estaba en la ruina y se sentía un fracaso, un cornudo; muy lejos de lo que todos esperaban de él. Su médico le recetó unas pastillas. Recuerda estar sentado en aquel lugar, en los humedales, y darse cuenta de que lo más fácil sería asumir sus pérdidas y acabar con todo.

Perfil del perfeccionista social

Un perfeccionista social tiene unas expectativas inusualmente altas de sí mismo. Su autoestima pende peligrosamente de su capacidad para mantener un nivel, a veces imposible, de éxito. Ante el fracaso, colapsa.
Aún así, los perfeccionistas sociales no son los únicos en confundirse con sus objetivos, sus roles o sus aspiraciones. El profesor Brian Little, de la Universidad de Cambridge, es famoso por sus investigaciones en “proyectos personales”. Él cree que si nos identificamos tan estrechamente con ellos, es porque los acabamos integrando en nuestra propia concepción del yo. “Sois vuestros proyectos personales”, como solía repetirles a sus estudiantes, en Harvard.
Según Little, existen diferentes tipos de proyecto, con diferentes cargas de valor. Pasear al perro no es menos proyecto personal que llegar a director en un bonito pueblo, o convertirse en un buen padre o un buen marido. Sorprendentemente, se cree que lo significativo de nuestros proyectos no influye tanto sobre nuestro bienestar. Lo que marca la verdadera diferencia sobre nuestra felicidad es si estos proyectos son o no realizables.
¿Qué es lo que ocurre cuando nuestros proyectos personales empiezan a desmoronarse? ¿Cómo hacemos para afrontarlo? ¿Existe una diferencia de género que explique por qué tantos hombres deciden acabar con sus vidas?
Sí, existe. Se supone que, por lo general, un hombre, en su propio perjuicio, encuentra difícil hablar de sus dilemas emocionales. Y lo mismo ocurre cuando se trata de hablar de proyectos si estos empiezan a tambalearse. En su libro Yo, yo mismo y nosotros, Little escribe: “Las mujeres obtienen provecho de dar visibilidad a sus proyectos y a los retos que afrontan en su búsqueda, mientras que un hombre prefiere reservarse esos problemas para sí mismo”.
Little también descubrió, como parte de un estudio sobre individuos en altos cargos directivos, otra diferencia relevante entre géneros. “No ofrecer resistencia a la corriente es una importante característica diferenciadora en los hombres”, nos cuenta. “Ellos están principalmente motivados para el avance, centrados en ir abriendo paso. Las mujeres se preocupan más por el clima organizativo, por cómo conectan con el resto. Creo que esto puede extrapolarse a facetas más allá del entorno laboral. No pretendo perpetuar estereotipos, pero los datos son lo suficientemente claros”.
Esta teoría encontró el apoyo de un informe muy influyente, publicado en el año 2000 por el equipo de Shelley Taylor, catedrática de la UCLA, que trataba sobre las respuestas bioconductuales al estrés. Descubrieron que mientras los hombres tienden a mostrar una filosofía de pelea o sal corriendo, las mujeres son más propensas a servir y relacionarse. “Aunque una mujer pueda considerar muy seriamente el suicidio”, asegura Little, “dada su conectividad social, es probable que también piense, ‘Por Dios, ¿Qué será de mis hijos? ¿Qué pensará mi madre?’ así que hay una cierta resistencia a llevar el acto a cabo”. En el caso masculino, la muerte podría entenderse como el salir corriendo definitivo.
Esta forma letal de huida requiere determinación. El doctor Thomas Joiner, de la Universidad Estatal de Florida, ha centrado sus estudios en las diferencias entre los que barajan el suicidio y los que realmente actúan sobre su deseo de muerte. “No puede actuarse sin antes vencer el miedo a la muerte”, afirma. “Y creo que esto es lo que marca la verdadera diferencia entre géneros”. Joiner nos habla de su vasta colección de vídeos de cámaras de seguridad y policiales, mostrando gente “con un deseo desesperado de quitarse la vida y que, en el último momento, vacilan por miedo. Es este momento de duda el que salva sus vidas”. ¿Significa esto que los hombres son menos propensos a flaquear? “Exacto”.
Un perfeccionista social tiene unas expectativas inusualmente altas de sí mismo. Su autoestima pende peligrosamente de su capacidad para mantener un nivel, a veces imposible, de éxito. Ante el fracaso, colapsa
Tampoco deja de ser cierto que, en la mayoría de países occidentales, las mujeres intentan suicidarse con más frecuencia que los hombres. Si los hombres mueren más, se debe en gran parte al método escogido. Mientras que los hombres optan por las armas o el ahorcamiento, las mujeres prefieren utilizar pastillas. Martin Seager, psicólogo clínico y asesor de los Samaritanos, cree que esto demuestra que los hombres albergan una mayor intención suicida. “El método escogido refleja su psicología”, asegura. Por su parte, Daniel Freeman, del departamento de psiquiatría de la Universidad de Oxford, apunta a un estudio con 4.415 pacientes que pasaron por el hospital tras un intento de suicidio, y que revela una mayor intención en hombres que en mujeres. Aún así la hipótesis sigue fundamentalmente sin investigar. “No creo que se haya demostrado de forma definitiva,” dice. “Pero también es cierto que sería increíblemente complicado de probar”.
La cuestión de la intención también sigue en el aire para O’Connor. “No estoy al tanto de ningún estudio decente sobre el tema porque tratarlo sería realmente complicado”, asegura. Pero para Seager la cosa está clara. “Los hombres consideran el suicidio una forma de ejecución”, afirma. “Un hombre se expulsa a sí mismo del mundo. Hablamos de una enorme sensación de vergüenza y fracaso. El género masculino se siente responsable de proveer y proteger a los demás, además de responsable de su propio éxito. Cuando una mujer pierde su empleo es doloroso, pero no pierde su sentido de la identidad, ni su feminidad. Cuando un hombre pierde su trabajo siente que ya no es un hombre”.
Esta es una idea que comparte el profesor Roy Baumeister, un célebre psicólogo cuya teoría del suicidio como ‘escape del yo’ ha tenido una gran influencia sobre O’Connor. Según Baumeister, “un hombre incapaz de proveer a su familia no puede considerarse, de alguna forma, ya un hombre. Mientras que una mujer nunca deja de serlo, la hombría sí puede perderse”.

Suicidio por vergüenza

En China no es inusual que un funcionario corrupto se suicide, en parte para que sus familias puedan disfrutar del botín adquirido de forma indebida, pero también para ahorrarse la vergüenza y la cárcel. El expresidente de Corea del Sur, Roh Moo-hyun, lo hizo en 2009, tras ser acusado de aceptar sobornos. Uichol Kim dice que, desde el punto de vista de Roh, “se suicidaba para salvar a su esposa e hijo. La única manera [pensó] de detener la investigación era matarse a sí mismo”.
Kim aclara que la vergüenza no suele ser un factor de peso en los suicidios en Corea del Sur, si bien puede serlo en otros países. Chikako Ozawa-de Silva, antropóloga en el Emory College de Atlanta, nos cuenta que en Japón, “la idea es que al suicidarse, un individuo restablece el honor de su familia y salva al resto de la vergüenza”.
“El valor dado a otras personas se convierte entonces en una carga adicional”, explica Kim. La vergüenza individual puede filtrarse y mancillar al entorno. Bajo la antigua ley confuciana, serían ejecutadas hasta tres generaciones de los familiares de un criminal.
Tanto en japonés como en coreano las palabras ‘ser humano’ significan ‘humano entre’. El sentimiento de individualidad es mucho más laxo en Asia que en occidente, y más absorbente. Se expande hasta incluir los grupos de los que uno forma parte. Esto implica un profundo sentimiento de responsabilidad hacia los demás que resuena profundamente en aquellos con tendencias suicidas.
No se trata de lo que uno espera de sí mismo sino de lo que cree que piensan los demás. Que ha decepcionado a otros, que ha fracasado como padre, como hermano, o lo que sea”
La concepción de uno mismo, en Japón, está muy íntimamente vinculada a su función. Según Ozawa-de Silva, es habitual que la gente se presente antes por su título que por su nombre. “En lugar de decir, ‘Hola, me llamo David’, en Japón dirán, ‘Hola, soy el David de Sony”, asegura. Esto ocurre “incluso al relacionarse en entornos informales”. En tiempos adversos, este impulso japonés de llevar el rol profesional al terreno personal puede resultar especialmente letal. “Llevan años, incluso siglos, glorificando el suicidio, probablemente desde los Samurái”. Como la gente tiende a ver su empresa como si de su familia se tratara, “un director general dirá, ‘me hago cargo de la responsabilidad de la empresa’ y se quitará la vida, y lo más probable es que los medios vean esto como un acto honorable”, asegura Ozawa-de Silva. En Japón, noveno país mundial en el ranking de suicidios, se estima que dos terceras partes de los suicidios acontecidos en el 2007 fueron masculinos. “En las sociedades patriarcales lo normal es que la responsabilidad la asuma el padre”.

El extraño caso chino

China ha pasado de tener una de las tasas de suicidio más alta del mundo, en 1990, a una de las más bajas. El año pasado, un equipo a cargo de Paul Yip, en el Centro de Investigación y Prevención del Suicidio de la Universidad de Hong Kong, descubrió que la tasa de suicidio había descendido del 23,2 por cada 100.000 personas a finales de 1990 al 9,8 por 100.000 en el 2009-11. Esta asombrosa caída del 58 por ciento se produce en un momento de grandes desplazamientos desde el campo a la ciudad, del mismo tipo que en el pasado reciente de Corea del Sur. Y, sin embargo, parece que con el efecto contrario. ¿Cómo puede ser?
Kim cree que China está viviendo una especie de “tregua” achacable a la ola de esperanza que siente la gente al encaminarse hacia una nueva vida. “Los suicidios aumentarán, sin duda”, asegura, señalando que Corea del Sur vivió descensos similares entre los setenta y los ochenta, cuando su economía estaba en rápida expansión. “La gente cree que será más feliz cuanto más rica, y concentrados en sus metas no piensan en suicidarse. Pero es distinto cuando alcanzas tus metas y no encuentras lo que esperas”.
De hecho, la esperanza en lugares desesperados puede resultar peliaguda, tal y como descubrió Rory O’Connor en Glasgow. “Formulamos la siguiente pregunta: ¿Encuentras siempre beneficioso tener una visión optimista del futuro? Nuestra intuición nos hacía pensar que sí”. Pero al observar los “pensamientos futuros intrapersonales”, aquellos que no consideran otra cosa más que el yo, como “quiero ser feliz” o “quiero estar bien”, el equipo volvió a sorprenderse. O’Connor evaluó en el hospital a 388 personas que habían intentado acabar con sus vidas, para después llevar a cabo un seguimiento de reincidencias los siguientes 15 meses. “Los estudios previos habían revelado una menor tasa de fascinación suicida en aquellos con niveles altos de pensamientos intrapersonales futuros”, nos cuenta. “Descubrimos que el mejor predictor de intentos futuros era el comportamiento pasado –nada del otro mundo- pero también esta cosa del pensamiento intrapersonal futuro. Y no en la dirección que hubiéramos pensado”. Resultó que la gente con mayor tendencia a este tipo esperanzador de pensamiento personal era más propensa a intentar suicidarse de nuevo. “Estos pensamientos pueden ser positivos en tiempos de crisis”, dice. “Pero, ¿Qué ocurre con el tiempo, una vez te das cuenta de que nunca vas a alcanzarlos?”.
Algo que Asia y Occidente sí tienen en común es la relación entre los roles de género y el suicidio. Pero claro, es que los estereotipos occidentales sobre la masculinidad son mucho más progresistas, ¿no es cierto?
Se cree que lo significativo de nuestros proyectos no influye tanto sobre nuestro bienestar. Lo que marca la verdadera diferencia sobre nuestra felicidad es si estos proyectos son o no realizables
En 2014, el psicólogo clínico Martin Seager y su equipo decidieron poner a prueba la definición cultural de lo que entendemos por ser hombre o mujer. Se sirvieron de una serie de preguntas cuidadosamente pensadas para hombres y mujeres reclutados a través de una selección de webs norteamericanas y británicas. Lo que descubrieron sugiere, que para los tiempos que corren, las expectativas que albergan ambos sexos en cuanto al concepto de hombre, siguen ancladas en los años 50. “El primer requisito es ser un luchador, un triunfador”, explica Seager. “El segundo es el deber de proteger y proveer, y el tercero mantener la compostura y el control en todo momento. Si incumples cualquiera de estos requisitos es que no eres un hombre”. Ni que decir tiene que además, un ‘hombre de verdad’ no debe dar nunca muestras de debilidad. “Un hombre que pide ayuda será siempre objeto de burla”, asegura. Las conclusiones de este estudio reflejan, de forma notable, lo que O’Connor y sus colegas venían diciendo sobre el suicidio masculino desde su informe para los Samaritanos en el 2012: “Un hombre se mide a sí mismo contra un ideal masculino que premia el poder, el control y la invulnerabilidad. Cuando un hombre siente que no se ajusta a este ideal, llega la vergüenza y el sentimiento de derrota”.

Metrosexuales

En Occidente, a veces tenemos la sensación de que en algún momento, a mediados de los ochenta, decidimos que los hombres eran algo abominable. La lucha por la igualdad de derechos y la seguridad sexual de las mujeres, ha dado como resultado décadas de percepción del hombre como un abusador, violento y privilegiado. Las versiones modernas del hombre, surgidas en oposición a estas críticas, no son más que criaturas risibles: el vanidoso metrosexual; el marido inútil que no sabe operar un lavavajillas. Entendemos, como género, que ya no se nos permite mantener la expectativa de control, de liderazgo, de pelea, de soportarlo todo con calma y resignación, de perseguir nuestras metas con tal determinación que no deje tiempo para amigos ni familia. Estas aspiraciones son ahora motivo de vergüenza sin razón aparente. Pero, ¿qué podemos hacer? Nuestra definición de éxito no ha cambiado, a pesar de los avances sociales, como tampoco lo ha hecho lo que entendemos por fracaso. ¿Cómo haremos para desmontar los impulsos de nuestra propia biología o los imperativos culturales, reforzados por ambos sexos desde el Pleistoceno?
Mientras hablamos, le confieso a O’Connor que hace tiempo, quizás diez años, yo mismo le pedí antidepresivos a mi médico, temeroso de que me diera por hacer una tontería, y salí de consulta con la receta: “Vete al bar y diviértete un poco”.
“¡Por Dios!” dice, frotándose los ojos con incredulidad. “¿Y eso ocurrió hace tan sólo diez años?”. “Es cierto que a veces pienso que debería estar medicado”, le digo. “Y me avergüenza decirlo, pero me preocupa bastante lo que mi mujer pudiera pensar”. “¿Lo has hablado con ella?”, pregunta.
Por un momento siento tal vergüenza que no puedo articular palabra.
“No”, contesto. “Y me tenía por alguien que se sentiría cómodo al charlar de estas cosas, pero ha sido aquí, hablando, que he caído en la cuenta. La típica mierda masculina”.
 “¿Pero es que no lo entiendes? No es ninguna mierda”, dice. “¡Ese es justo el problema! En la narrativa actual se dice que ‘los hombres son una mierda’, ¿verdad? Pero eso es una gilipollez. No hay manera de cambiar a los hombres. Se les puede tunear, no me malinterpretes, pero es la sociedad la que tiene que plantearse, ‘¿A qué servicios, que nosotros podamos ofertar, estarían ellos dispuestos a acudir? ¿Qué ayuda podemos ofrecerles para cuando se sientan angustiados?”
Entonces me habla de una amiga suya que se mató en 2008. “Aquello tuvo un impacto enorme sobre mí”, me dice. “No podía dejar de preguntarme, ‘¿Cómo es posible que no te hayas dado cuenta? Por Dios, llevas años dedicado a esto’. Me sentía un fracaso. Le había fallado a ella y a todo su entorno”.
Esto, a mí, no hace más que recordarme al perfeccionismo social. “Ah, claro. Es que yo soy un perfeccionista social”, asegura. “Soy hipersensible a las críticas sociales, aunque se me da bien ocultarlo. Tengo una desproporcionada necesidad de complacer y soy muy propenso a creer que he fallado a los demás”.
Otro de sus factores de riesgo es la melancolía obsesiva, los bucles cerrados de pensamiento. “Soy un perfeccionista social y un melancólico obsesivo, sí, sin lugar a dudas”, asegura. “Cuando te vayas me pasaré el día entero, y luego la noche, rumiando, ‘vaya, no puedo creer que haya dicho eso’. Me voy a matar...“, hace una pausa, y corrige, “me voy a castigar mucho con esto”.
La relación entre perfeccionismo social y tendencias suicidas está presente en todas las poblaciones con las que hemos trabajado, tanto entre los desfavorecidos como entre los ricos"
Le pregunto si él se considera en riesgo de suicidio. “No metería la mano en el fuego”, dice. “Creo que a todo el mundo se le pasa por la cabeza en algún momento. Bueno, no a todo el mundo, pero está demostrado que sí a mucha gente. Nunca he estado deprimido o mostrado tendencias suicidas, gracias a Dios”.

Voluntarios

De vuelta en su gélido cuarto, en una granja en los humedales de Norfolk, Drummond sigue sentado con sus pastillas y sus ansías de tomárselas. Lo que salvó su vida fue la curiosa coincidencia de haber sido voluntario en los Samaritanos. Un día fue allí no a escuchar, como hacía habitualmente, si no a hablar durante horas. “Sé por propia experiencia que hay un montón de gente que debe sus vidas a lo que allí se hace”, nos cuenta.
Drummond ha vuelto a casarse y sus hijos han crecido. Han pasado 30 años desde aquella ruptura. Incluso ahora, todavía le resulta doloroso hablar del tema, así que no lo hace. “Supongo que uno hace por enterrarlo, ¿no?”, dice. “Se espera que lo afrontes como un hombre, y no lo hables con nadie. Eso no se hace”.

Este artículo se publicó por primera vez en Mosaic y se publica de nuevo aquí con una licencia de Creative Commons.
Los Samaritanos están disponibles 24 horas al día, 365 días al año, en el Reino Unido e Irlanda, para escuchar y ofrecer su apoyo confidencial con cualquier problema que pudiera afectarte. Puedes hablar con ellos en el teléfono 08457 909090, vía email: jo@samaritans.org, o bien en su oficina local más cercana. Si estás interesado en hacerte voluntario puedes hacerlo aquí.
Aquellos que residan fuera del Reino Unido e Irlanda pueden buscar la ayuda de Befrienders Worldwide.
Autor: Will Storr
Editor: Mun-Keat Looi
Verificación de datos: Lowri Daniels
Corrección de estilo: Tom Freeman
Arte: Damien Tran
Dirección de arte: Peta Bell
Traductor: Diego Zaitegui

Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/01/12/ciencia/1452596072_476100.html

 

domingo, 1 de marzo de 2015

Los últimos datos (2013) indican un nuevo aumento del suicidio en España

Como hemos reflejado aquí en años anteriores, desde 2007 el suicidio es en España la primera causa de muerte "externa" o "no natural" (no debida a enfermedades). También fue así durante el año 2013, el último sobre el que se conocen estos datos, oficialmente publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) el viernes 27 de febrero. Los resultados relativos al año 2014 se conocerán en febrero o marzo de 2016.

Los suicidios vuelven a aumentar en España en 2013

27 de febrero de 2015

MADRID// lamarea.com

El Instituto Nacional de Estadística ha publicado este viernes los datos de defunciones según causa de muerte, que constatan que los suicidios aumentaron de nuevo en 2013, al ser ya 3.870 las personas que se quitaron la vida (2.911 hombres y 959 mujeres). Este dato supone un nuevo aumento respecto al año 2012, cuando fueron 3.539 personas las que se suicidaron. El INE advierte que una modificación metodológica puede variar los datos comparativos respecto a años anteriores en un 2,7%.
La tasa de suicidio se situó en 8,3 fallecidos por cada 100.000 personas (12,7 en los hombres y 4,1 en las mujeres). Las caídas accidentales fueron la segunda causa externa de muerte (con 2.672 fallecidos) y los accidentes por ahogamiento, sumersión y sofocación, la tercera (con 2.208). Por accidentes de tráfico fallecieron 1.807 personas.

Captura de pantalla 2015-02-27 a la(s) 14.34.20

Fuente: http://www.lamarea.com/2015/02/27/los-suicidios-vuelven-a-aumentar-en-espana-en-2013/

http://www.ine.es/prensa/np896.pdf

sábado, 1 de febrero de 2014

Un año más, casi el 80% de los 3.539 suicidados en España en 2012 fueron varones



 




Error: las mujeres suicidadas fueron 815, y no 2.724 como aparece en la fotografía de EL PAÍS


Al comienzo de cada año, se publican los datos sobre causas de fallecimientos del año anterior al recién terminado. Así, acaban de publicarse los datos sobre fallecimientos de 2012 (los de 2013 tendrán que esperar). Aquí tienes los datos publicados el año pasado sobre 2011 y los datos de años anteriores.

La tasa de suicidios en España creció en 2012 hasta los 3.539 casos. La cifra, un 11,3% más alta que la del año previo, es la mayor que se ha registrado en el país desde 2005, según los últimos datos sobre defunciones por causa de muerte difundidos esta mañana por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que vuelve a recoger el fenómeno del suicidio, de nuevo, como la principal causa de muerte no natural, por encima de los accidentes de tráfico.
Poner fin a la propia vida fue una práctica mucho más extendida entre los hombres que entre las mujeres, por más que ello no merezca atención alguna por parte del feminismo de género ni de los sociólogos. De los 3.539 casos registrados en 2012, correspondieron a varones 2.724 (77%), frente a las 815 mujeres (23%) que fallecieron por esta causa. Se trata de una diferencia porcentual entre sexos que es habitual cada año. La cifra es especialmente pronunciada en la franja de edad que va de los 25 a los 34 años. Según los datos del INE, el suicidio fue en este intervalo la segunda causa de muerte solo por detrás de los tumores.

Los suicidios suben un 11% en 2012 hasta los 3.539, la mayor tasa desde 2005

Es la principal causa de muerte no natural por encima de los accidentes de tráfico, según el INE 

Enfermedades circulatorias y cáncer, principales causas de fallecimiento 

Suponen, respectivamente, 30,6 y 27,5 por cada 100 defunciones 

Crecen las muertes por enfermedades respiratorias por el repunte de la gripe en febrero y marzo


Manuel Altozano / Emilio de Benito Madrid 31 ENE 2014 EL PAÍS


La cifra de suicidios en España creció en 2012 hasta los 3.539 casos. La cifra, un 11,3% más alta que la del año previo, es la mayor que se ha registrado en el país desde 2004 (entonces fueron 3.507), según los últimos datos sobre defunciones por causa de muerte difundidos esta mañana por el Instituto Nacional de Estadística (INE) que vuelve a recoger este fenómeno como la principal causa de muerte no natural por encima de los accidentes de tráfico. El estudio recoge además un incremento total de las defunciones -tanto por causa natural como por causas externas- de 15.039 casos. En total, en 2012 fallecieron en España 402.950 personas, un 3,9% más que en 2011.
Poner fin a la propia vida fue una práctica mucho más extendida entre los hombres que entre las mujeres. De los 3.539 casos registrados en 2012, 2.724 correspondieron a hombres frente a las 815 mujeres que fallecieron por esta causa. La cifra es especialmente pronunciada en la franja de edad que va de los 25 a los 34 años. Según los datos del INE, el suicidio fue la segunda causa de muerte solo por detrás de los tumores en ese intervalo.
Con estos datos, la tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes en España se sitúa en 7,6 (en 2011 era de 6,2, según datos de la OCDE) y se acerca a otros países de nuestro entorno con cifras más altas como Reino Unido (6,5 suicidios por cada 100.000 habitantes en 2011) Portugal (8,5), Países Bajos (9,5) o Alemania (10,8), aunque sigue muy lejos de las tasas disparadas de Corea del Sur (33,3) o Japón (20,9).
Sin embargo, al verlo en perspectiva se ve que el número de suicidios oscila entre los 3.000 y los 3.500 desde hace 10 años. Lo que sí ha sucedido es que frente a una tasa decreciente desde 2008, a partir de ese año vuelve a aumentar.
¿Quiere esto decir que la crisis económica ha llevado aparejada un incremento en el número de suicidios? No, a juicio de Santiago Durán-Sindreu, psiquiatra responsable del Plan de Prevención del Suicidio del Hospital de Sant Pau de Barcelona. “Hay una coincidencia en el tiempo entre ambos factores, pero no podemos decir que exista una relación de causa efecto, eso sería atrevido”.
Duran-Sindreu considera que el incremento en la tasa “no es alarmante” ya que las cifras no dejan de moverse en unas tasas similares a las que había antes de la caída de los últimos años. Pero sí resulta un aumento “llamativo” y cree que por ello, es una cuestión a la que deberían prestar atención las autoridades sanitarias.
El psiquiatra reclama la puesta en marcha de un plan de prevención del suicidio, como el que ya tienen otros países de la Unión Europea o comunidades autónomas como Cataluña, que presentó un programa específico destinado a tal fin en diciembre denominado Código Riesgo de Suicidio.
Por lo demás, las enfermedades del sistema circulatorio (30,3%), los tumores (27,5%) y las enfermedades respiratorias (11,7%) fueron, como cada año, las principales causas de muerte. El informe destaca un importante repunte de estas últimas del 12,1% sobre el año anterior así como de los trastornos mentales y del comportamiento (que incluye el Alzhéimer) del 12,2%, enfermedades que suelen afectar a personas de edad avanzada.
La causa, según el INE, sería la epidemia de gripe de la temporada 2011-2012 que tuvo su pico de máxima incidencia en febrero de 2012. Ese pico, según el estudio provocó que las muertes por enfermedades respiratorias y mentales en febrero y marzo se disparara un 53,6% y un 41,2% respecto a los mismos meses de 2011. Esa especial incidencia de la gripe en esos meses generó un incremento importante de la mortalidad por neumonía, bronquitis, enfisema...
Las patologías concretas que más muertes causaron fueron las isquémicas del corazón (infarto, angina de pecho..), aunque con un mínimo descenso del 0,2% respecto al año anterior. Le siguieron las enfermedades cerebrovasculares (ictus, aneurisma...). Las primeras fueron la primera causa de muerte entre los hombres y las segundas, entre las mujeres. Los tumores más mortíferos fueron los de bronquios y pulmón, seguidos por el cáncer de colon. Entre las mujeres, el tumor que más muertes causó fue el de mama, aunque disminuyó un 0,4% respecto al año anterior.
El dato tan escandaloso de las muertes por enfermedades del sistema respiratorio no lo parece tanto cuando se ve en perspectiva. "Siempre crecen por encima de la media", afirma José Miguel Rodríguez González-Moro, responsable de Relaciones Institucionales de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ). Rodríguez afirma que eso tiene dos causas. Por un lado "todavía estamos sufriendo los efectos de la epidemia de tabaquismo de hace 20 años, con tasas de fumadores por encima del 40%. A diferencia de las enfermedades cardiovasculares, el daño del tabaco en los pulmones dura mucho más, hasta 30 años". De ahí que haya casos de cáncer de pulmón y de enfermedad pulmonar obstructiva crónica en personas que dejaron de fumar hace 15 años, explica.
La otra es el continuo aumento de las neumonías. "Tenemos una población muy envejecida, y las infecciones respiratorias, que es la puerta de entrada, es lo que los trae sobre todo a los hospitales. Pocas personas mueren de alzhéimer, pero sí de una infección adquirida teniendo alzhéimer", afirma. "Las infecciones atacan a personas con otras enfermedades de base".

Fuentes:
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/31/actualidad/1391166568_897598.html
http://www.ine.es/prensa/np830.pdf



En el decepcionante reportaje en vídeo que adjunto debajo puede comprobarse, una vez más (aquí tienes otra prueba incontestable, en un reportaje de EL PAÍS), que ni siquiera cuando se rompe el tabú existente respecto al suicidio es posible que se hable de que, en España, el 80% de los casos corresponden a varones. Este segundo tabú, el tabú de género respecto al suicidio, permanece inalterado y aparentemente inalterable. Pero sólo hablando de ello será posible investigar el fenómeno y corregirlo, le pese a quien le pese.



¿Por qué nos cuesta tanto hablar del suicidio?


Sólo en 2012, 3.539 personas acabaron con su vida en España y, sin embargo, el suicidio sigue siendo una muerte silenciada      

20 de febrero de 2014


http://www.terra.tv/trs/video/7328021

domingo, 9 de junio de 2013

El INE publica un documento sobre suicidios que deja en evidencia al lobby feminista


http://www.ine.es/daco/daco42/bme/c5.pdf

El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado en mayo de 2013 esta actualización sobre los suicidios en España. Un documento demoledor frente a quienes pretenden que el discurso sobre la igualdad entre hombres y mujeres debe seguir siendo monopolizado por el lobby feminista y ven a Toni Cantó (diputado de UPyD) como un "intruso" en la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados.


El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España (por encima de los accidentes de tráfico) desde hace años. Las causas por las que alguien se suicida son evidentemente variadas. Sin embargo, no debe aceptarse superficialmente la consideración de que se trata de personas con enfermedades mentales o de decisiones personales... Uno de los fundadores de la sociología en el XIX, Durkheim, realizó un estudio sobre el suicidio, y en él estableció que sus causas son "sociológicas". En particular, la causa principal es la pérdida de lazos sociales por parte del individuo. 


Por otra parte, y obviamente, la más que llamativa diferencia en el número de suicidios entre hombres (casi el 80%) y mujeres no puede explicarse diciendo que los hombres estén mal de la cabeza o tengan un gen defectuoso. Tiene que explicarse a través de causas "sociales". Y entonces resulta que estas cifras se convierten en un demoledor dato que apunta a una desigualdad social y cultural (de "género") donde las víctimas son los varones. A ello ha de añadirse que no existe investigación "sociológica" alguna que explique las causas de esos datos (algo impensable si los datos fueran a la inversa). 

Por ejemplo, no existen investigaciones que estudien la influencia de las diferentes condiciones económicas y familiares (hijos) en que quedan hombres y mujeres tras un divorcio. Tampoco hay investigaciones sobre casos de suicidio de hombres denunciados por violencia de género (recuérdese que los condenados son una inmensa minoría de los "denunciados"). Estas cosas no les interesan a quienes tienen el monopolio del discurso sobre la igualdad (que incluso ocultan y censuran su difusión), pues no son problemas específicamente femeninos, los únicos que ocupan al lobby feminista y a quienes le conceden el monopolio del discurso sobre la igualdad. 

Y por eso este documento demuestra que ese monopolio del discurso es ilegítimo (interesadamente parcial), pues su perspectiva no presta atención a un problema que la exige. Estamos hablando de la primera causa de muerte no natural en España. Los últimos datos (publicados en 2013) corresponden a los suicidios del año 2011, pues se publican con un desfase de dos años.

Para consultar datos sobre el número de suidicios en España en la página del INE pincha aquí y haz tu selección de valores acerca del año y el sexo:
http://www.ine.es/jaxi/tabla.do?type=pcaxis&path=%2Ft38%2Fp604%2Fa2000%2Fl0%2F&file=0500002.px#nogo


Gráfico sobre fallecimientos por causas no naturales en 2011 (datos publicados en 2013)
  

jueves, 18 de abril de 2013

En 2011 se suicidaron 3.180 personas en España. El 76'5% eran varones

Gráfico de los datos de fallecimientos por causas no naturales en 2011 (publicados en 2013)


Como viene sucediendo un año tras otro desde 2008 (datos publicados en 2010), los suicidios constituyen la primera causa de muerte no natural en España, por encima de los accidentes de tráfico. Así fue también en 2009 o en 2010 (aquí tienes esos datos publicados en 2012 y los de años anteriores), y así fue en 2011, según se ha conocido tras la publicación de los últimos datos en febrero de 2013 (se publican los datos de dos años antes). Cada día se quitan la vida 8 personas, pues 3.180 se suicidaron en 2011. Que en 2008 el suicidio se convirtiera en la primera causa de muerte no natural no se debió a un incremento de los suicidios ese año, sino al descenso de los muertos en accidentes de tráfico, que han seguido bajando y en 2011 ya son la tercera causa de muerte no natural. El número de suicidios se mantiene estable desde años antes de la crisis, de modo que tampoco ha habido un incremento de los mismos por esta razón, pese a que esos casos resulten llamativos para la prensa y para quienes tienen interés en resaltarlos con objeto de movilizar a la gente contra la política económica (para lo que es innecesario confundir al ciudadano desviando la atención de las verdaderas causas sociales de la mayoría de los suicidios). Con todo, en 2011 hubo 22 suicidios más que en 2010 (que fue un año de descenso en el número de suicidios), lo que sólo supone un incremento del 0'7%. 
El suicidio se ha cobrado 33.677 vidas en los últimos 10 años, a un ritmo constante de en torno a las 3.000 muertes anuales desde la década de los 90 del siglo XX. El año que más suicidios hubo fue en 2004, con 3.507 fallecimientos. Luego los datos han ido bajando y subiendo. En 2008 llegó a haber 3.457 muertes. Debe hacerse constar que el sistema de recuento de los suicidios sufrió un cambio a partir del año 2006 (desde ese año se adoptó el sistema europeo de recuento, por el que sale un número mayor del que saldría con el sistema anterior usado en España), por lo que ello debe tenerse en cuenta a la hora de hacer gráficos de subidas o bajadas anuales y sacar conclusiones.

Resulta cuando menos sospechoso que se decidiera introducir ese cambio precisamente para el recuento de 2006, con lo que ahora se justifica el incremento de los suicidios de hombres ese año (tras la implantación de la Ley de Violencia de Género con vigencia desde enero de 2005) apelando a que el número de suicidios es mayor desde 2006 debido al nuevo sistema de recuento. Y es más sospechoso aún si añadimos que ese nuevo sistema de recuento supuso la excusa que hoy se esgrime para que el Instituto Nacional de Estadística (INE) dejase de hacer explícito el estado civil de las personas suicidadas. "El sistema europeo", adoptado por España para el recuento de 2006, "no incluye el análisis de datos en función del estado civil", se dice. Así, para estudiar lo ocurrido en 2006 y los años posteriores ya no se puede saber en cuántos casos el suicidio podría estar relacionado con un proceso de divorcio, lo cual no sólo es inexplicable desde el punto de vista de la investigación sociológica (el divorcio es uno de los motivos que siempre se enumera entre los factores que pueden provocar una depresión con causas sociales y, por tanto, un suicidio), sino que les ha venido sospechosamente bien a quienes tienen el interés político de ocultar la relación entre los efectos de la Ley de Violencia de Género en los divorcios y, por tanto, sus efectos en el número de suicidios.

Según los datos del INE, en España se suicidan menos personas que en el resto de Europa, y sólo Italia, Chipre o Grecia tienen niveles tan "bajos" como España (si bien en 2011 hubo un incremento en Grecia cuyas causas son adjudicadas a la crisis). Con todo, el número de suicidios en España es obviamente desmesurado (3.180 personas se suicidaron en 2011, 8 personas cada día). Que a esas cifras se las considere "bajas" sólo porque son más altas en otros países no deja de ser inaceptable, porque ciertamente se trata de un problema que va más allá de nuestras fronteras, que afecta especialmente a los países más desarrolados y que, injustificablemente, no parece estar en la agenda de los Gobiernos de estos Estados.

El suicidio es un problema social que afecta esencialmente a los varones. Es una lacra de género, de género masculino. En 2011, de los 3.180 ciudadanos suicidados, 2.435 fueron varones (76'5%). Cada año, esas diferencias marcadas por el sexo son semejantes: entre el 76% y el 80% de los casos de muerte por suicidio corresponden a varones. Los Estados europeos, y España de forma evidente, permanecen indiferentes a esa lacra, y no existen investigaciones ni programas de prevención contra el suicidio. Los dictámenes de la OMS en ese sentido son ignorados con total negligencia. Tampoco entre los sociólogos existe una campaña de programas de investigación respecto al suicidio. Una auténtica vergüenza intelectual y política. Si el 76% u 80% de los suicidios correspondieran a mujeres las cosas serían muy diferentes, tanto en el terreno político como en el de la investigación sociológica. Es completamente innecesario que justifique la afirmación anterior. Eso hoy es una obviedad.
Investigaciones sobre "suicidio" en la web del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS): "Búsqueda. No se han encontrado coincidencias" http://www.cis.es/opencms/ES/busqueda.jsp

SOCIEDAD | Datos del INE

Cada día se suicidan ocho personas en España

  • El número de personas que se quitan la vida aumenta un 0,7% en 2011
  • En 2010 se registraron las cifras más bajas en casi dos décadas
  • El suicidio es la primera causa de muerte externa
  • Los hombres se suicidan tres veces más que las mujeres
  • La edad crítica es entre los 30 y los 39 años
  • Andalucía, Cataluña, Valencia y Galicia son las CCAA con más suicidios
Olga R. Sanmartín | Madrid
Actualizado miércoles 27/02/2013 el mundo.es

Cada día ocho personas se quitan la vida. 3.180 se suicidaron en 2011. Son 22 suicidas más que el año anterior, lo que representa, en términos porcentuales, un incremento del 0,7%. La subida es pequeña y en el INE dicen que es pronto aún para sacar conclusiones, pero, en los tiempos que corren, es una llamada de atención, sobre todo porque es la primera vez que estas muertes suben desde 2008. En 2010 se registró la cifra más baja en casi dos décadas.
El Instituto Nacional de Estadística (INE ha hecho públicos esta mañana sus datos sobre Defunciones según la Causa de Muerte correspondientes a 2011. Los fallecimientos más frecuentes son por enfermedades del sistema circulatorio (aunque mantienen su tendencia descendiente) y por tumores (que crecieron un 2%).
Las enfermedades del sistema nervioso –la cuarta causa de muerte más frecuente–son las que más suben este año (un 5%), sobre todo debido al Alzheimer, que en una década ha duplicado los fallecimientos.

Primera causa de muerte externa

Por otro lado, los accidentes de tráfico han vuelto a bajar (en 10 años se han reducido a la tercera parte) y ya son la tercera causa externa de defunción. La primera es el suicidio.
El suicidio se ha cobrado 33.677 vidas en los últimos 10 años, a un ritmo constante de en torno a las 3.000 muertes anuales desde la década de los 90. El año que más suicidios hubo fue en 2004, con 3.507 fallecimientos. Luego los datos han ido bajando y subiendo. En 2008 llegó a haber 3.457 muertes.
"La gráfica es oscilante", explica a ELMUNDO.es Luis de Andrés, jefe de Área de Estadísticas Sociales del INE. "No hay una tendencia clara ni de aumento ni de disminución", añade, e insiste en que "con las cifras que manejamos", realmente se puede hablar aún de que la tendencia ha cambiado.

De entre las cifras más bajas de la UE

Si comparamos con otros países, vemos que España se encuentra entre los países de la UE con menos suicidios. En 2010, cuando se dieron los últimos datos europeos, la tasa de la UE era de 10,2 muertes por cada 100.000 habitantes, cuando en España era de 5,8 (en 2011 es de 6,8).
España era uno de los países con menos suicidios, junto a Grecia, Chipre e Italia, pero en Grecia, por ejemplo, las cosas han cambiado rápidamente por la crisis y este tipo de muertes se han disparado en los últimos años.

Los hombres se matan más que las mujeres

Los hombres se suicidan tres veces más que las mujeres (2.435 los primeros frente a 745 las segundas) y la edad más crítica, en la que se producen más muertes, es la comprendida entre los 30 y los 39 años, cuando hubo 496 muertes (383 de varones y 113 de mujeres).
El método más empleado es el ahorcamiento (1.613), seguido por el salto desde un lugar elevado (655) y el envenenamiento por la exposición a drogas o medicamentos (142).
Marzo y junio son los meses en los que más muertes se dan y las comunidades donde más suicidios hay son Andalucía, Cataluña, la Comunidad Valenciana y Galicia.

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2013/02/27/espana/1361964219.html 

martes, 11 de diciembre de 2012

UPyD logra el apoyo de todos los grupos para la prevención del suicidio


http://www.youtube.com/watch?v=O2Ye2LaaULY&feature=em-uploademail

Publicado el 11/12/2012
Intervención de Rosa Díez, portavoz de Unión Progreso y Democracia, sobre la Proposición no de Ley presentada conjuntamente por los Grupos Parlamentarios Popular en el Congreso, Socialista, Catalán (Convergència i Unió), de IU, ICV-EUiA, CHA: La Izquierda Plural, de Unión Progreso y Democracia y Vasco (EAJ-PNV), relativa a la promoción dentro de la Estrategia de Salud Mental de acciones para una redefinición de los objetivos y acciones de prevención del suicidio. Pleno 11/12/2012

Según datos de la OMS, el número de muertos por suicidio en el mundo supera anualmente a la suma de las muertes causadas por las guerras, el terrorismo y los asesinatos conjuntamente. El silencio en torno al suicidio demuestra que es el último tabú.
 

martes, 13 de noviembre de 2012

Los políticos españoles instrumentalizan la principal causa de muerte no natural: el suicidio

Las cifras oficiales son las ofrecidas por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en las que no se registran la causa o los motivos del suicidio. Hasta 2006, año del repunte en la cifra de suicidios en España (que se mantiene estable desde entonces, de lo que se deduce que el repunte no se debe a la crisis económica), se publicaba el estado civil de la persona suicidada. Desde 2006 no se publica ese dato.
Respecto a la consideración de los adolescentes o los ancianos como "grupos de riesgo", basta ver los datos del INE (en el enlace colgado aquí) para comprobar que es FALSO que ésos sean los grupos de edad de riesgo.

Es FALSO que los suicidios tengan como causa fundamental un "trastorno mental". Las personas que padecen una depresión la padecen a menudo por problemas sociales objetivos... Y lo mismo cabe decir de quienes terminan en el alcohol. Si le preguntas a un psicólogo o a un psiquiatra acerca del suicidio seguramente te dará esa clase de causas "psicológicas". Pero, ¿por qué no les preguntan a los sociólogos? Es más: ¿a qué se dedican los sociólogos en España?... Es una vergüenza que en un país donde, desde 2008, el suicidio es LA PRINCIPAL CAUSA DE MUERTE NO NATURAL (por encima de los accidentes de tráfico), no exista NI UN SOLO ESTUDIO acerca de las causas de ese fenómeno. Una vergüenza. 

Cada año se suicidan en España unas 3.500 personas, siendo varones aproximadamente el 80% de esos muertos (pincha). Se trata de un problema SOCIOLÓGICO que, hasta que se ha suicidado una señora exconcejal del PSOE que ha sido desahuciada (pincha), no le ha interesado a nadie. Parece que al PSOE le interesa de pronto decir que hay que poner freno a los desahucios y a los suicidios, cuando ha sido un gran promotor de ambas cosas... Lo hace mezclándolas interesadamente (demagógicamente) para arremeter contra el PP, pero no nos llamemos a engaño: el problema del suicidio en España no se debe a los suicidios por los desahucios... Como he dicho antes, el repunte de los suicidios en España se produjo en 2006, y si el suicidio superó en número a los accidentes de tráfico en 2008 fue por la disminución de los muertos en carretera, no por un aumento en los suicidios, cuyo número anual permanece en las mismas escandalosas cifras desde 2006 (antes de la crisis económica).

Pero ahí tenemos a todos los partidos del Congreso haciendo el paripé de que se preocupan por el suicidio... Claro, es que se ha publicado (la prensa también es culpable de publicar lo que le conviene sólo cuando le conviene y de la manera que le conviene) que se han suicidado recientemente tres o cuatro personas por los desahucios, y eso ha hecho mucho ruido en el contexto de crisis y de corruptelas bancarias y desahucios que padecemos. Gran ocasión para instrumentalizar el asunto del suicidio y tratar de sacar algún provecho político. Pero el suicidio les importa muy poco a casi todos los partidos políticos y a la prensa que les hace el juego (recordemos el infumable reportaje publicado por EL PAÍS en septiembre de 2011). Así que seguirá siendo cosa suya evitarlo como pueda cuando se vea hasta el cuello con sus problemas sociales y solo, querido lector... ¿O es que por fin los políticos y los sociólogos españoles van a estudiar la lacra del suicidio como merece ser estudiada la principal causa de muerte no natural en España? Cuando se publique algo serio al respecto, hablaremos de ello. Hasta entonces esto seguirá siendo una vergüenza.

El Congreso debatirá medidas para prevenir el suicidio

13/11/2012

El Congreso debatirá medidas para prevenir el suicidio
Ana Mato. Ministra de Sanidad e Igualdad. El Congreso debatirá medidas para prevenir el suicidio

Todos los grupos parlamentarios han suscrito una proposición no de ley para debatir en el pleno del Congreso nuevas acciones de prevención del suicidio dentro de la Estrategia de Salud Mental.
La iniciativa, firmada por los portavoces de los grupos, insta al Gobierno a promover una redefinición de los objetivos y acciones de prevención del suicidio y a desarrollar políticas que presten especial atención a los grupos más vulnerables -niños, adolescentes, ancianos y personas en riesgo de exclusión-.
Además, propone desarrollar campañas de visibilización, sensibilización y concienciación contempladas en la estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud, vigente hasta 2013.
Reclama también el apoyo a la Red de Salud Mental de las comunidades autónomas para mejorar las medidas preventivas, el protocolo de manejo del suicidio y la atención y seguimiento inmediato a los intentos de suicidio.
En la exposición de motivos, la iniciativa indica que en España se suicidan nueve personas al día y plantea la necesidad de "dar una mayor claridad definitoria a la hora de clasificar los suicidios para poder abordar con mayor eficacia el problema".
Recuerda que las cifras oficiales son las ofrecidas por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en las que no se registran la causa o los motivos del suicidio.
"La prevención funciona", señalan los grupos, que apuestan por la colaboración entre el Gobierno y las comunidades autónomas para adoptar medidas de prevención tendentes a evitar esas prácticas prestando una atención más especializada a los grupos más vulnerables.
La proposición no de ley indica que más del 90 por ciento de los casos de suicidio están asociados a trastornos mentales como la depresión, la esquizofrenia o el consumo excesivo de alcohol, por lo que reclama facilitar a los familiares y cuidadores de personas con enfermedad mental grave consejos y estrategias de actuación básicas para abordar y prevenir el suicidio en el entorno familiar.

Fuente: http://www.eldiario.es/politica/Congreso-debatira-medidas-prevenir-suicidio_0_68593239.html