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domingo, 3 de mayo de 2015

Un padre vence a los apáticos simpatizantes del sistema tras ser "triturado" más de una década

Francisco Fontcubierta

"Nadie vino a preguntarme: 'Oye, ¿esto es cierto?"

Francisco Fontcubierta quiere contar su historia. Fue absuelto de una acusación de abusos a su hija y ahora tiene la custodia compartida
 
D. C. Algeciras | Actualizado 03.05.2015

Francisco Fontcubierta señala que quiere contar lo ocurrido. Asegura que padeció un "vía crucis" tras ser imputado por abusos a su hija, acusación de la que fue absuelto, y, tras obtener la custodia compartida, desea exponer su historia. Lamenta que nadie quiso escucharlo nunca.

"La historia es universal, si bien tiene ciertos ribetes de anormalidad, aunque en estos tiempos no tanto. La de un padre que lucha por su hija, con una conciencia muy aguda de los vínculos existentes y con un ánimo de conquistar ese espacio enormemente".

"Esto parte de una separación de una convivencia muy breve. Hay una sentencia en 2002 en la que se establece el régimen que iba a imperar durante el tiempo que estuviese la niña en la guardería. Yo veía a mi hija 3 días en semana y los fines de semana. La madre me pide que renuncie a los tres días para verla solamente un fin de semana alterno. Yo digo que no renuncio y a partir de ahí se inicia una tensión soterrada en principio que se va incrementando hasta acabar en la acusación por abusos sexuales", indica Fontcubierta, que añade que la acusación fue cursada a través del Servicio de Asistencia a Víctimas en Andalucía (SAVA), censurando y criticando cómo se hizo y que por ello reclamó ante diversas instancias e instituciones.

"Solo entrevistan a mi hija y a la madre y a mí me ignoran, a pesar de que yo curso petición para que puedan valorar el perfil que yo presento".

"El juzgado aplica medidas cautelares y estoy un año sin ver a mi hija. Se produce el juicio, salgo absuelto en la sentencia posterior y recupero los derechos de visita. Pero eso se vuelve a trastocar cuando hay otra acusación por malos tratos. Paso por calabozos. Inmediatamente después se aclara la situación".

"Como todo esto es una maquinaria, esta maquinaria se pone en marcha y ya no hay más apelación. En ese ínterin, hasta que yo llego al juicio, acudo a todas las instituciones que puedo acudir, el Defensor del Pueblo, Junta de Andalucía, Consejería de Justicia, Dirección General de la Policía, Consejo General del Poder Judicial, haciendo referencia a lo que yo considero abusos, pero la maquinaria institucional tiene otra manera de enfocarlo".

"No hay ningún tipo de apoyo institucional y acudo finalmente a una psicóloga que trabaja en Valencia, del Instituto Sobre la Violencia, que tiene un equipo puntero que ha definido los protocolos que hay que seguir", continúa Fontcubierta, que expone que este apoyo le ayuda a rechazar un informe de una trabajadora social emitido en el curso de la instrucción judicial y cuya validez puso en duda.

Estos hechos acontecen entre 2004 y 2006.

"En la actualidad hay un convenio de mutuo acuerdo en el cual se regula el régimen de estancia y convivencia con nuestra hija que consiste en una semana con uno y otra semana con otro. Los gastos cada uno los soporta en esa semana y los extraordinarios a medias. Algo tan sencillo como esto me ha costado casi 13 años alcanzarlo. Mi hija, con su crecimiento y edad, ha colaborado que las cosas vayan a su sitio, reivindicando que tiene derecho a su padre".

"Tengo ahora regularizadas y normalizadas las relaciones con mi hija, pero eso a base de un sufrimiento mayúsculo, nauseabundo, que no tiene ningún sentido desde el convenio que ahora regula las relaciones entre mi hija y yo. Como yo he tenido que sufrir escarnio público y social ahora quiero públicamente presentar mi testimonio a la sociedad. Es mi manera de reivindicar que yo he tenido un comportamiento honesto, que he sido un padre ejemplar y que finalmente he alcanzado lo que yo venía pretendiendo, que era tener una convivencia normalizada y equilibrada con mi hija".

"Yo salgo hoy y doy la cara y eso supone para mí someterme de nuevo al escrutinio social, cosa que no me preocupa ni me asusta".

"Me vi afectado en todos los órdenes, a nivel de amistades, a nivel familiar, laboral, de todo, porque la gente te mira y lo primero que se plantea no es si tú eres inocente o no, sino este tío qué habrá hecho".

"El sistema actúa como una picadora de carne. Yo percibí una total falta de interés por el testimonio que yo podía prestar. Hubo un desamparo absoluto", abunda Fontcubierta.

"No hubo una sola persona, excepción gloriosa del abuelo materno, que se acercara a mí a preguntarme si yo había cometido abusos sexuales".

"Nadie vino a preguntarme: 'Oye, ¿esto es cierto?' Es imposible levantar la voz en esta sociedad cuando nadie te quiere escuchar y yo no la dejé de levantar en ningún momento. Tuve un año de alejamiento de mi hija, nadie se preocupó si yo sufría o no. Descubrí un fondo mío que no tenía conciencia de que existía, me crecí con la lucha, me cultivé con la lucha y me curtí con la lucha y eso dio como resultado una presencia de ánimo y una conciencia muy aguda de lo que es el sistema y de cómo hay que actuar. El sistema está previsto para unas determinadas cuestiones. Si tú no tienes los requisitos que esas cuestiones establecen, el sistema no hace nada por ti; al contrario, te tritura. Es la realidad que yo he vivido".
 
Fuente: EuropaSur

jueves, 5 de febrero de 2015

Un juez 'nipón' se disfraza de hijo de puta con telas españolas

Qué le vamos a hacer. Hay que conformarse con la información que ofrecen medios conservadores y tradicionalistas como ABC. No podemos esperar encontrar esta noticia en medios de comunicación autotildados como "progresistas"... Tampoco entre asociaciones o partidos políticos "progresistas". Menuda mierda (con perdón) de progresistas, que usan la razón para calcular beneficios y para apuntalar dogmas con sus compinches de la secta feminista (el feminismo real, no esa entelequia que teóricamente lucha por la "igualdad"). Qué asco. No se sabe cuál de ellos es más hijo de puta (dicho sea en tono humorístico, ya saben). Pero todos ellos lo son en abundancia. Todos ellos y todas ellas. Ninguno dedicará ni una línea de escritura, ni una sílaba de su voz, ni un fotograma de sus sueños, ni un segundo de su tiempo a ponerse en el lugar de los olvidados por sus intereses de secta. Que les den por el culo un millón de veces (con mucho humor y alegría carnavalesca). Para que consigan recapacitar, que de eso se trata, ¿no?...

Que no esperen compasíon. No la tendrán. Tendrán una dura batalla. Una batalla desde la razón argumentativa. Que saquen sus escudos. Van a necesitarlos. No tienen dónde esconderse. Porque la verdad les perseguirá hoy y siempre allí donde duerman. En España o en Japón. En su cama. Un lugar idóneo para encularlos apasionadamente (ríanse).

Sociedad

Un padre español solo podrá ver a su hija ocho horas al año y en Japón

Día 05/02/2015 - 10.58h

Un juez nipón le «concede» cuatro visitas de dos horas repartidas en doce meses, pese a que su mujer raptó a la niña

Un juez de familia de Tokio acaba de dictar una sentencia que ha hundido a un padre español. Antonio Blanco, madrileño de 52 años y profesor de música en el Conservatorio de Salamanca, podrá ver a su hija Isabel Shiori entre ocho y diez horas al año repartidas en cuatro visitas, para las que antes tendrá que recorrer medio mundo. Todo ello pese a que la pequeña Isabel, de ocho años, es española -nació en Madrid-, y su madre, Keiko Yamaguchi, se la llevó sin permiso en 2009, cometiendo un presunto delito de sustracción internacional de menores que ya ha prescrito.
Antonio no ha tirado la toalla ni un sólo instante. Se llegó a trasladar a Tokio durante seis meses y pleiteó para recuperar a su hija. Consiguió un acuerdo que le permitía ver a Isabel diez horas a la semana y un fin de semana al año. En 2016 incluso iba a tener permiso para traer a la niña a España durante un mes. «Pero ahora el juez me ha dejado las diez horas semanales en diez horas anuales. Siento rabia e impotencia, porque he cumplido todos los puntos del acuerdo y se ha premiado a la madre, que siempre los ha incumplido», declara Antonio ABC.
Este padre madrileño tendrá que elegir entre dos opciones. La primera le permitiría ver a su hija durante dos sesiones de dos horas en Semana Santa y otras dos sesiones de dos horas en verano; la segunda, dos visitas de dos horas cada una en verano y otras dos en Navidad de tres horas. De este modo, Antonio podrá ver a su hija entre ocho y diez horas al año. Una vez que él elija el turno, su exmujer será la que dicte los días exactos. «La madre de mi hija puede ponerme el 1 de julio y el 31 de agosto, lo que me obliga a pasar en Japón dos meses o a hacer dos viajes de ida y vuelta», sostiene Antonio.

«No veré a mi hija»

Pero esto no es lo peor, porque Antonio está convencido de que «la próxima vez que vaya a ver a mi hija, la madre va a incumplir el régimen de visitas otra vez, como siempre ha hecho, y no le va a pasar nada», protesta. De hecho, Antonio Blanco la denunció por incumplimiento y fue condenada a indemnizarlo con 200.000 yenes, unos 1.500 euros. «No me pagó nada y cuando fueron a embargarla tenía en la cuenta 68 yenes, 50 céntimos de euro, pese a que en el juzgado dijo que trabajaba como delineante en una empresa». Por contra, Antonio le está pagando 35.000 yenes al mes (unos 260 euros) de pensión. Si dejara de pagar, su exmujer podría denunciarlo y los jueces españoles lo condenarían.
La última vez que vio a su hija fue el pasado verano, una visita de media hora en una sala del juzgado: «Tenía prohibido tocarla, sacarle fotos, darle un regalo y hasta hablar con ella si antes no me había hablado ella a mí». En la sala había testigos y una cámara grabando el encuentro. Antonio no pudo darle un beso a su hija.

Antonio Blanco ha recorrido en inumerables ocasiones los 14.000 kilómetros que separan Madrid de Tokio. Calcula que está gastando cada año 12.000 euros en viajes, abogado e intérprete, además de los 30.000 que gastó cuando pasó allí seis meses litigando. Su sueldo de profesor le permite a duras penas seguir luchando: «Cuando estoy en Japón me alimento de arroz con un poco de carne por encima. Mi presupuesto para comer es de diez euros al día», relata.
El calvario comenzó el 25 de agosto de 2009, cuando Antonio fue a buscar a Isabel Shiori como cada tarde, pero se encontró el piso de su exmujer vacío. Se temió lo peor y, pese a que denunció la desaparición en ese mismo instante, nada se hizo para que la madre se llevara a la niña a su país. Tampoco fue impedimento que la pequeña Isabel solo pudiera abandonar España con la autorización de su padre o de un juez.
El Estado indemnizó a Antonio con 3.389 euros, como publicó ABC, por un «funcionamiento anormal de la Administración de Justicia», que no impidió el rapto de la niña. Su exmujer, con la que ABC no ha podido contactar, ya ni siquiera será detenida si pisa suelo español, porque el delito prescribió en 2013.

España reclama 148 menores

j. ch. madrid
El Ministerio de Justicia español tramitaba a cierre de 2013 un total de 148 reclamaciones por sustracción internacional de menores, alrededor de media docena en Japón. No obstante, la totalidad de niños residentes españoles que han sido llevados el extranjero sin consentimiento son más de 148, ya que algunos padres lo tramitan por su cuenta en los países donde están sus hijos, sin pasar por el Ministerio. La cifra está creciendo significativamente: en 2009 eran 84 y en 2012, 133. Por contra, España es país requerido en 95 casos.
Se produce sustracción internacional de menores cuando un menor es trasladado ilícitamente a un país distinto de donde reside habitualmente, violando el derecho de custodia de uno de los padres. También cuando el padre o la madre se traslada con el menor e impide al otro progenitor verlo.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Toni Cantó otra vez

Toni Cantó otra vez. Y llovió sobre mojado. Este actor fue un galán de renombre. ¿Se acuerdan? Que sí, que sí. Hasta que se metió a político. En ese momento dijo lo que pensaba, que no era lo mismo que había que pensar. O al menos no había que decirlo. De modo que el Alto Tribunal de Masas, cuya sede principal se halla en una granja avícola llamada Twitter, le envió al gulag de los frikis mediante un decreto no escrito. Desde entonces vive como un furtivo en cotos vedados por presuntas especialistas de pacotilla. Pero es un ciudadano. Y muy razonable. Esto tampoco les importó en absoluto a sus admiradoras del pasado, esa es la verdad.
No puedo escuchar el vídeo (mi PC anda pachucho). Sin embargo, eso es lo bueno de esta ocasión. Ya he oído cantar (las cuarenta) a Toni muchas veces al oído de las feminazis, y ahora me permito verle sin escuchar. Justo como hacen las de la secta y sus borreguitos de colores. De todos los colores. De esta experiencia aprendo que viven en un mundo al que le falta algo importante.  Lo más importante.


Publicado en Youtube el 17/9/2014

El diputado magenta considera que hay que revisar las leyes a tenor de sus consecuencias y, en este caso, esta ley no funciona ya que no protege a las víctimas y limita los derechos de los hombres.

En su opinión hay cobardía política y se dedican a aplicar más de lo mismo sin buscar soluciones reales y efectivas. Considera que el PP debería cumplir su promesa de custodia compartida, ayudando a evitar roles machistas y dando a los niños el derecho de disfrutar de ambos progenitores por igual.

Intervención de Toni Cantó, diputado de Unión Progreso y Democracia, sobre la moción consecuencia de interpelación urgente del Grupo Parlamentario Socialista, sobre las medidas que piensa adoptar el Gobierno para combatir la violencia de género, desde la evaluación de las políticas realizadas y ante la evidencia del retroceso que se está produciendo en esta lucha.

Pleno del Congreso de los Diputados del 17/09/2014

martes, 24 de junio de 2014

La feminista Wendy McElroy denunció los excesos del feminismo de género en 2008

Para quienes no la conozcan, Wendy McElroy es la mayor impulsora del feminismo individualista o i-feminismo. El autor del blog titulado 'Lo que pienso' (Manu) tradujo y publicó en su blog el 5 de febrero de 2009 este discurso que Wendy había publicado en su web el 11 de mayo de 2008. Me ha parecido muy oportuno incorporar ese discurso a este blog para colaborar en la difusión de su contenido:
"Se ha convertido en un lugar común la idea de que el feminismo está muerto. Yo no se si eso es cierto, pero sé que la mayor esperanza del feminismo, quizás la única para que el feminismo vuelva a ser relevante de nuevo… está en escuchar la voz de los hombres que demandan justicia, el tipo de hombres que oiréis hablar esta tarde.
Cuando ellos hablan, sus voces suenan parecidas a aquellas de las mujeres de los 60, cuando el movimiento feminista, llamado feminismo de segunda ola, barrió nuestra cultura como una fuerza de la naturaleza y la cambió para siempre. Las mujeres exigieron a los hombres “dadnos derechos iguales, dadnos respeto”. Cuarenta años más tarde –dos generaciones más tarde– la situación se ha invertido. Son ahora los hombres, no las mujeres, los que protestan contra la discriminación sistemática contra su sexo. Incluso los problemas alrededor de los cuales giran las protestas son similares a aquellos señalados en los 60. Los hombres, dicen
* no son tomados en serio por la policía como víctimas de la violencia. De forma similar a las víctimas de violación de hace décadas, la gente tiende a estigmatizar y culpar a los hombres que son víctimas de abuso conyugal.
* sus preocupaciones sobre su salud son ignoradas frente a las de las mujeres. Por ejemplo, el gasto en cancer de mama ha superado hace tiempo al de próstata en una proporción de 3:1 en los Institutos Nacionales de Salud, incluso aunque el cáncer de próstata es más mortífero.
* los juzgados de familia discriminan a los hombres en el divorcio, especialmente en materia de custodia de los hijos y derechos de visita.
* la violación de los hombres en prisión casi no se discute,
como si no tuviera importancia social
La lista de quejas concretas podría continuar y continuar. Pero, en general, lo que los hombres reclaman no es menos de lo que las mujeres reclamaron y obtuvieron de los hombres hace décadas: igualdad ante leyes razonables… y un poquito de respeto.
El feminismo de los 60 fue una revolución cultural, y no es exagerado decir que hay otra revolución en marcha -esta vez liderada por los hombres. No está encabezada por voces de la élite o promovida a través de organizaciones subvencionadas. Es un movimiento de base, que consiste en individuos que han sido tan apaleados por el sistema que ahora comprometen una importante parte de sus vidas para decir ¡no!
Aun a riesgo de ser repetitiva, dejadme hablar un poco más de los movimientos de base. Son movimientos que comienzan con individuos aislados que se vuelven indignados con alguna injusticia que afecta sus vidas –quizás el sistema público de escuelas, leyes con sentencias mínimas, o un encuentro con un policía. Se indignan tanto que dicen “no” a la autoridad. Normalmente empiezan diciendo “no” a nivel local, a su consejo escolar o a los concejales de su ciudad. Pero, si las injusticias de las que se quejan están extendidas, las voces se multiplican rápidamente para convertirse en una potente fuerza política. Quizás la fuerza política más poderosa que existe: la voz de la gente.
El típico activista de los derechos masculinos es el tipo de la calle –un hombre que ha perdido el acceso a sus hijos en un proceso de divorcio, el compañero de trabajo que ha sido falsamente acusado de acoso sexual, el vecino que es víctima de violencia doméstica pero es rechazado de los refugios que paga con sus impuestos porque es hombre…
La mujer que defiende los derechos del hombre lo hace por un compromiso con la justicia, y una preocupación por la aplastante mayoría de hombres en nuestras vidas que son seres humanos decentes: nuestros padres, hermanos, hijos… nuestros amigos. Hablo también desde una preocupación política. Las últimas décadas del siglo 20 redefinieron la relación de las mujeres con la sociedad y con los hombres. Las primeras décadas del siglo 21 definirán las relaciones de los hombres. Y, como mujer y como feminista, quiero estar en ese proceso porque pienso que la “Justicia para los hombres” es la batalla más importante en nuestra sociedad hoy en día.
Me considero a mi misma una feminista, lo que sugiere una pregunta: ¿qué tipo de feminista soy para estar escuchar a los hombres y preocuparme por la justicia hacia ellos?
Las voces dominantes del feminismo hoy son lo que se ha llamado “feminismo de género” –la clase de feminismo que veréis y escucharéis este fin de semana en la convención de la Organización Nacional de Mujeres (National Organization of Women, o NOW). Y uno de los mitos que el feminismo estilo NOW ha conseguido vender es que cualquiera que discrepe con sus ideas en casi cualquier problema, desde el acoso sexual a la custodia de los niños, es antifeminista e incluso antimujeres. Esa acusación es totalmente falsa.
La verdad es que hay y siempre habrá muchas escuelas de pensamiento dentro de la tradición feminista: desde el socialismo hasta el individualismo, desde el liberal hasta el radical, desde el cristiano hasta el islámico. Y cuando lo piensas, la diversidad de opiniones tiene sentido. Después de todo, si el feminismo puede definirse como la convicción de que las mujeres deberían liberarse como individuos y ser iguales a los hombres como clase, entonces es natural que haya desacuerdos y debates sobre lo que una idea tan compleja como la liberación significa y como debería definirse la “igualdad”. Sería asombroso si todas las mujeres que se preocupasen sobre la liberación y la igualdad llegasen exactamente a la misma conclusión sobre lo que son.
He comenzado diciendo que yo no sabía si el feminismo está muerto. Pero no tengo ninguna duda de que el feminismo estilo NOW sí está muerto… y yo le digo: ¡ya era hora! El feminismo estilo NOW está muerto porque sistemáticamente introdujo privilegios para las mujeres en la Ley, ignoró las justas quejas del 50% de la sociedad -los hombres-, ha vuelto cada sexo contra el otro, en el puesto de trabajo, en el ámbito académico, ha menospreciado cualquier feminista -como yo misma, Daphne Patai, Camille Paglia- que cometió el pecado del desacuerdo.
Por eso… la respuesta a la pregunta ¿Qué tipo de feminista soy?… es que soy una feminista individualista, lo que a veces también se llama una ifeminista.
El feminismo individualista es una escuela de feminismo que se extiende hacia atrás hasta 1830, hasta el movimiento antiesclavista de los Estados Unidos, y hasta Mary Wollstonecraft y el liberalismo clásico europeo. Define la liberación de la mujer como el derecho de cada mujer a controlar su propio cuerpo y propiedades, a hacer todas las elecciones que sean posibles con su cuerpo de forma pacífica. Desde el matrimonio, hasta la prostitución o el celibato. Un cuerpo de mujer, una elección de mujer. El feminismo individualista define igualdad de una forma simple y directa. Todo individuo -mujer/hombre, negro/blanco- debe ser tratado de igual forma ante leyes que protejan cada persona y su propiedad. La igual protección de el derecho a elegir pacíficamente de cada persona.
Voy a elaborar más profundamente la teoría en unos minutos para dejar claro cómo el feminismo individualista y el feminismo NOW difieren dramaticamente en su aproximación hacia los hombres pero, antes, quiero señalar un tema para mostrar cómo los hombres han sido ignorados y despreciados por la mayoría de feministas… y por la ley. Ese tema es el aborto.
El aborto bien podría ser el tema más discutido y debatido en norteamérica, pero hay una pregunta que casi nunca se plantea: ¿Cuál es el papel de los hombres?
Yo estoy a favor de la elección: un cuerpo de mujer, una elección de mujer. Pero eso no significa que crea que los hombres –los futuros padres– deban ser descartados del escenario. Decir que la decisión última sobre el aborto recae sobre la mujer no significa que los hombres no estén involucrados ni tengan nada que decir. Son los futuros padres, y es un tema que les concierne. Mi libro más reciente -una antología titulada “Libertad para mujeres” que se publicó el pasado año- tenía un largo ensayo sobre el aborto y me aseguré de que fuese escrito por un hombre, precisamente porque los hombres han sido silenciados en este asunto.
¿Qué papel deberían tener los hombres? Bueno, considerad un aspecto que les impacta profundamente. Si una mujer decide llevar a término el embarazo, entonces -en el sistema actual- el hombre puede ser considerado legalmente como responsable de proveer un apoyo financiero para el niño durante los próximos 18 años. Él no tiene nada que decir en la situación. La mujer puede decidir si convertirse en madre o no, pero el hombre no puede escapar de la paternidad. No tiene palabra, no tiene derechos.
Y aun así, sin ningún derecho, el hombre tiene responsabilidades legales que se extienden a lo largo de casi dos décadas. No creo que deba haber responsabilidades sin derechos, y es precisamente eso lo que existe para los hombres en esta área.
Y, por cierto, repito que estoy a favor de la elección de las mujeres. Mi propósito no es sugerir que el hombre deba tener control sobre el cuerpo de una mujer embarazada. Esa no es la única opción. Una opción podría ser el derecho del padre a renunciar a sus derechos paternales y su responsabilidad, dandole así la oportunidad de de renunciar a la paternidad igual que una mujer puede renunciar a la maternidad.
Mi intención es dar un ejemplo de cómo los hombres no se incluyen en la discusión de temas que son vitales no sólo para la sociedad, sino para sus propias vidas.
¿Por qué se han silenciado las voces de los hombres?
La explicación me devuelve a la teoría y al feminismo estilo NOW.
En los 60, el feminismo de la segunda ola despegó como un cohete debido a varias razones. Una nueva generación de mujeres estaban insatisfechas con las respuestas proporcionadas por sus madres; querían dejar las cocinas e ir a trabajar y a las universidades. La revolución sexual explotó, debido parcialmente a nuevos métodos de control de la natalidad -la píldora- y las mujeres experimentaron una nueva libertad sexual. El sexo dejó de estar estrechamente ligado al embarazo. La guerra de Vietnam condujo a una generación entera a cuestionarse los valores y a resistirse a la autoridad. Era un tiempo de inestabilidad social… parecido al actual, con el temor al terrorismo, la acción militar y el descontento de base.
En 1966, fue fundada la organización nacional de mujeres -NOW-. Había ira contra los hombres, principalmente porque las leyes y las políticas discriminaban a la mujer -por ejemplo, la manera en la que la policía trataba las denuncias de violación de las mujeres. Pero la ira contra el hombre se enfocaba normalmente en asuntos concretos, como la violación y en hombres específicos, como los violadores. La segunda ola fue feminismo liberal, y no era anti-masculino -aunque esas voces estaban ahí también. Pero la NOW de los comienzos, más liberal, daba la bienvenida a los hombres como Warren Farrell y el actor Alan Alda, los cuales se convirtieron en símbolos de hombres cultos. El foco estaba en la liberación de la mujer, no en la necesidad de eliminar el poder de los hombres.
Al mismo tiempo, otra variedad del feminismo avanzó también -el feminismo de género… llamado a veces feminismo radical. Un libro clave en la evolución del feminismo de género fue “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir, publicado en 1953. El libro era flagrantemente anti-masculino. Pero mucho más que eso… era filosoficamente, ideologicamente y políticamente anti-masculino. El libro era un ataque ideológico al heterosexualismo y la familia tradicional como opresión masculina, y mantenía que las instituciones existentes en la sociedad eran culpables del sometimiento de la mujer. Para liberar a las mujeres, el feminismo de género empezó a elaborar una teoría evolucionaria que buscaba barrer la cultura de los hombres blancos, o patriarcado. Era hombres contra mujeres.
Aquí veis la diferencia entre el feminismo liberal y el feminismo de género. Los liberales se oponían a discriminaciones concretas dentro de la sociedad, como las prácticas de contratación, y no rechazaban a los hombres sino que deseaban que cambiasen. Las feministas de género rechazaban a los hombres -todos los hombres, como clase- porque eran los opresores, los enemigos de la mujer. No se oponían a ningún aspecto particular de la sociedad, sino a toda ella. Las instituciones de la sociedad, como la familia, la religión, la ley, debían ser destruidas y reconstruidas para liberar a las mujeres.
A través de una serie de sucesos dentro del feminismo -y no tengo tiempo para esbozar la historia, pero un factor importante fue la derrota final de la enmienda de igualdad de derechos en 1984- el feminismo liberal perdió importancia y el feminismo de género avanzó. En 1973, el feminismo ganó una importante victoria con el caso Roe contra Wade, y un movimiento optimista empezó a centrarse en la enmienda de igualdad de derechos. En marzo de 1978, cien mil personas marcharon en Washington en apoyo a la enmienda. Incluso así, después de frustrantes retrasos la medida fue finalmente derrotada  en el Congreso en 1984.
La derrota fue un golpe que aturdió a los liberales dentro del feminismo cuyas voces habían dominado. No así con las feministas de género, que veían la enmienda como un vendaje a la herida. Sirvió de confirmación de su posición, y así las feministas de género ofrecieron una nueva solución  a un movimiento desmotivado -una nueva teoría política basada en la opresión de género que veía a los hombres como la clase enemiga. Y en 1983-84, visteis surgir el feminismo de género como dominador del movimiento feminista en general.
O, más precisamente, el feminismo de género empezó a absorber la teoría del feminismo hasta hacerla más cercana a su forma de ver el mundo. Fue en este punto cuando hombres como Warren Farrell se desilusionaron con el feminismo -y particularmente con la NOW- debido a su mayor sesgo contra los hombres y todas las cosas masculinas. Farrel abandonó la NOW y la organización se volvió en su contra de forma furiosa.
Dejadme elaborar un poco más la teoría. El feminismo de género puede definirse como la escuela de feminismo que ve a hombres y mujeres como clases políticas separadas y politicamente antagonistas. Los hombres como clase oprimen a las mujeres como clase. Los hombres oprimen a las mujeres estableciendo el patriarcado -o norma masculina- y el capitalismo. La combinación de ambas se denomina cultura blanca masculina. En todo lugar y momento, la cultura blanca masculina actua para someter a las mujeres. A través de la violencia doméstica, la publicidad, la pornografía, la violación, las prácticas de contratación, el uso del lenguaje, el acoso sexual, los libros de texto en las escuelas, la prostitución… la supuesta opresión se encuentra en todos los aspectos de la sociedad. Y eso supone nada menos que una gerra de sexos total.
No es sorprendente que el objetivo de las feministas NOW, que han adoptado en gran medida la teoría de género NO sea la igualdad con los hombres, sino las ventajas sobre ellos. Ellos no quieren ser iguales a su opresor; quieren acabar con la opresión.
Uno de los términos clave en la teoría de género es la “clase”. Los hombres como clase –es decir, todo hombre– oprime a la mujer como clase. Y quiero usar este término para ilustrar qué profundamente  el feminismo de género y el feminismo individualista difieren en su aproximación al hombre.
Clase. No hay nada inherentemente malo en separar a los sexos en clases. Hombres y mujeres tienen diferencias. La medicina, por ejemplo, a menudo separa los sexos. Las mujeres se examinan en busca de cáncer cervical, y los hombres por problemas de próstata. Pero cuando los médicos separan los sexos no afirman que los intereses fundamentales de los hombres y las mujeres estén en conflicto. Los médicos se dan cuenta de que ambos sexos comparten la misma biología básica que requiere la misma aproximación de nutrición, ejercicio, oxígeno y sentido común respecto al estilo de vida. En otras palabras, aunque la medicina  separa los hombres y las mujeres en diferentes clases para ciertos propositos, no niegan su humanidad compartida. Confirma la verdad fundamental: los hombres y mujeres son seres humanos con necesidades comunes, con algunas excepciones debido a la biología. De nuevo, cáncer cervical.
Por contra, el feminismo de género no dice que los hombres y las mujeres compartan una misma humanidad, y por tanto, tengan los mismos intereses políticos, como el respeto por la propiedad privada. Dice que hombres y mujeres no comparten las necesidades humanas básicas -políticamente hablando. Esto es como un doctor diciendo que los dos sexos no tienen las mismas necesidades de nutrición, etc.
En cambio, el feminismo individualista mira a hombres y mujeres y ve -primero y ante todo- seres humanos individuales con una humanidad común y compartida. Igual que hombres y mujeres comparten las mismas necesidades biológicas, comparten las mismas necesidades políticas: los mismos derechos y responsabilidades. El derecho humano más básico es el de disfrutar del propio cuerpo y de la propiedad. La responsabilidad humana más básica es respetar las decisiones pacíficas de otras personas sobre sus cuerpos y sus propiedades. Acatar legalmente -no necesariamente compartir- las decisiones de los demás.
En otras palabras… el mayor bien político para mujeres y hombres no deriva de su sexo, sino de su condición de seres humanos. Aunque hombres y mujeres pueden ser separados en distintas clases por motivos válidos -desde médicos hasta estrategias de márketing- sus derechos y responsabilidades básicos no pueden ser separados de esa manera. Porque esos derechos y responsabilidades tienen precedencia sobre cualquier consideración de sexualidad, igual que el color de la piel. Esas son características secundarias: sexo, color de piel, altura, etnia… La característica primaria es nuestra pertenencia como individuos a la especie humana. Y ESTA, es la característica primaria de la que emanan nuestros derechos.
Las leyes que protegen esos derechos -o establecen nuestras responsabilidades- no deben hacer ninguna distinción entre hombres y mujeres. La Ley los debe tratar igualmente en su contenido y aplicación, es decir, en cómo el contenido es interpretado por los juzgados, por la policía, etc. Al contrario que el feminismo de género podéis ver cómo el feminismo individualista no solo acepta la igualdad con los hombres, sino que la demanda de esa igualdad es un aspecto fundamental de esta ideología. El privilegio para cualquier sexo es un anatema.
Esto debe ocurrir para el bien de los hombres y también para el de las mujeres. Digo “para el bien de las mujeres” por varias razones:
No puede haber paz o buena voluntad mientras la Ley trate a categorías de individuos de forma diferente, mientras el 50% de la población -los hombres- sean ciudadanos de segunda clase.
Las mujeres deben también dejar de apoyarse en un Estado paternalista y privilegios legales. Debemos mantenernos en pie por nuestros propios medios.
Igualmente, no creo que vaya en interés de nadie el oprimir al otro. Los abogados antiesclavitud de principios de 1800 solían argumentar que la esclavitud dañaba psicologicamente al esclavo tanto como al dueño. Y creo que hay una gran parte de verdad en eso. Finalmente los hombres que se benefician de la verdadera igualdad son amigos y familiares -la gente cuyo bienestar muchas veces
significa tanto para nosotras como el nuestro. No le haces a ninguna mujer un favor cuando apruebas una ley que privilegia a su hija frente a su hijo.
Felizmente, creo que la sociedad se dirige ante la verdadera igualdad ante la Ley y que el movimiento masculino es una confirmación de esto. Como he dicho, el feminismo-NOW está muerto.
El problema es que todavía colea. Colea, porque a lo largo de las últimas décadas ha incrustado los privilegios para las mujeres e inequidades ante la Ley en instituciones de la sociedad. Y vamos a necesitar un duro e intenso trabajo para eliminarlas.
De nuevo, dejadme ilustrar a lo que me refiero cuando hablo de instituciones. Al finalizar el ejemplo, os diré por qué creo que los abogados de la igualdad deberían sentirse animados por ello.
Retrocediendo hasta 1983, cuando el feminismo de género comenzó a dominar ideológicamente la corriente principal del feminismo… una nueva palabra se introdujo en nuestra cultura: el acoso sexual.
Me detendré a aclarar lo que quiero decir con acoso sexual. No me refiero a tocamientos, agarrar o cualquier otra forma de agresión física. Eso es maltrato, eso es asalto, eso es un crimen. Y las leyes contra esos crímenes han estado en los libros durante años. Todo lo que se necesito hace décadas cuando el acoso sexual se convirtió en un asunto candente fue obligar a cumplir esas leyes rigurosamente, porque la agresión física debe ser castigada.
En lugar de eso el feminismo de género creó nuevas leyes, nuevas políticas que, por ejemplo, prohibían un “entorno de trabajo hostil” en el cual las mujeres se sienten ofendidas por palabras y otros comportamientos no violentos. Eso es a lo que me refiero con acoso sexual. Eso es a lo que quiero decir… palabras y comportamiento no violento que es considerado ofensivo.
El acoso sexual es un buen ejemplo de como el feminismo estilo NOW ha institucionalizado sus políticas en la sociedad, por dos razones.
La primera, todo el mundo está familiarizado con él porque las políticas y leyes sobre acoso sexual han permeado prácticamente todo negocio y aula en Norteamérica. La Ley regula ahora qué actitudes pueden manifestarse hacia las mujeres, qué lenguaje puede ser expresado.. incluso en propiedad privada. Mediante esas leyes, el gobierno se introduce en el sector privado y regula comportamientos y palabras hasta un extremo que sería inimaginable en los 60, incluso en los 70.
Segundo, el acoso sexual se ha convertido lo que la feminista iconoclasta Daphne Patai, en su libro “Heterofobia: acoso sexual y el futuro del feminismo”, llama una industria de crecimiento multimillonario. La industria consiste en mucha gente que se gana muy bien la vida gracias al acoso sexual, y por eso, tienen un interés oculto en su continua presencia en la sociedad como problema que deba ser resuelto. Esta gente son abogados, investigadores, consejeros, profesionales de la educación, escritores, administradores, legisladores, psicólogos y gente de los medios. Colectivamente forman una fuerte barrera contra cualquier intento de desmantelar lo que se ha convertido en la institución e industria del acoso sexual.
Como palabras de ánimo, os diré que el término “acoso sexual” sólo se introdujo en nuestra cultura hace veinte años. Como concepto legal, fue introducido por la feminista de género Catherine MacKinnon en un libro de 1979 titulado “El acoso sexual en mujeres trabajadoras” Allí, MacKinnon proponía que el acoso sexual era una forma de discriminación, una violación de los derechos civiles, que debería ser tratado por demandas civiles. El año siguiente, en 1980, el comité para la oportunidad de empleo igualitario incorporó a sus directrices el acoso sexual. El primer caso que estableció la idea de un entorno de trabajo hostil fue Meritor contra Vinson en 1986.
Así de reciente son las políticas de acoso sexual con las que convivimos, unos 20 años. Aunque afecta a las vidas  de cada persona en esta sala, el acoso sexual solo tiene dos décadas de vida. Esto es esperanzador por dos razones: si puede ser creado durante nuestras vidas, puede también ser destruido en ellas, y probablemente mucho más rápido, ya que suele ser más rápido destruír algo que crearlo. También es esperanzador porque veinte años es una generación y eso es más o menos lo que tarda la gente en darse cuenta de que algo no funciona. Darse cuenta de que la industria del acoso sexual no resuelve problemas, sino que los crea.
Es instructivo, sin embargo, estudiar por qué el acoso sexual tuvo éxito como problema. Hay lecciones valiosas que los hombres pueden aprender del movimiento feminista.
Cuando el libro de Lin Farley sobre el acoso sexual apareció en 1978 -fue el primer libro sobre el tema- impulsó a las mujeres. El libro se tituló “Examen sexual: el acoso sexual de las mujeres en el
trabajo” Y en el se narraban casos verdaderamente horribles de discriminación que literalmente destruyeron las carreras laborales de mujeres inocentes. El exito del acoso sexual como problema vino sobre todo del hecho de que Farley (y otros) contaron historias. Ella permitió ver y sentir el coste humano de la discriminación, de forma que -incluso alguien como yo, una escéptica del acoso sexual- encontré imposible leer el libro de Farley sin sentir que algo en la sociedad estaba realmente mal, desviado. No hubiera creado una ley, pero sí cogido un cartel de protesta y montado un piquete en empresas concretas.
Esto fue y es una gran fuerza del feminismo. Exponer el sufrimiento humano causado por leyes y comportamientos sociales injustos. Considerad el tema de las violaciones. En los 60 las mujeres que habían sido violadas estaban –como comenté– en una situación bastante parecida a la de las víctimas masculinas de violencia doméstica hoy en día. La polícia no se las tomaba en serio. La sociedad las culpaba a menudo, como si ellas mismas hubieran causado sus propias violaciones por vestirse de forma provocadora o siendo promiscuas.
Cuando las mujeres se levantaron y expresaron su dolor abiertamente y sin pudor, abrieron una ventana a sus propias experiencias e hicieron sentir a la gente el dolor de una violación, y no solo una vez sino dos, la segunda vez por un sistema legal que no las entendía ni le importaba… fue entonces cuando la gente se dio cuenta de la profundidad del daño hecho a seres humanos inocentes, fue entonces cuando la sociedad comenzó a cambiar. Porque nada es tan poderoso políticamente como arrojar luz sobre la injusticia y resistirse a apartar la mirada. Nada consigue esto de forma tan efectiva como contar la verdad sin adornos.
Daphne Patai hizo un maravilloso trabajo al expresar el coste humano de las políticas de acoso sexual en “Heterofobia”, cuya segunda parte se titula “Cuentos simbólicos”. Nos trae el salvajismo de estas leyes y políticas en las universidades donde aquellos que fueron acusados no tenían presunción de inocencia, sino que debían probar que no eran culpables a comités que a menudo tenían el poder para destruir sus carreras y sus vidas. Los acusados –casi siempre hombres– no tenían el derecho de encararse o preguntar a los testigos, ni a un abogado, o incluso a saber exactamente qué cargos había contra ellos. Y los cargos podían ser simplemente asignar un trabajo equivocado, contar el chiste equivocado…
Uno de los cuentos que Patai ofrece es el de un profesor con sobrepeso, considerado popular, sociable y competente. En el medio de una lección un día, una estudiante le atacó aprovechando el gran tamaño de su pecho. Él hizo la observación de que ella no tenía el mismo problema, y a continuación continuó con la lección. La estudiante le acusó de acoso sexual ante la universidad. No hubo alegato de maltrato o de intento de extorsión para intercambiar sexo por mejores notas. Los cargos estaban basados solamente en el incidente ocurrido en la clase. A continuación tuvo lugar una caza de brujas. Fue tan extrema que el profesor cometió el suicidio. Despues de ello, en un comunicado de prensa, la administración de la universidad expresó una grave preocupación: que la muerte del profesor no desanimara a otras mujeres “víctimas de abuso” a denunciarlo.
Deteneos por un momento y reflexionad sobre vuestra reacción al comunicado de la universidad. Todo el mundo al que he hablado sobre este caso ha tenido la misma respuesta: indignación hacia la universidad. Empatía hacia el hombre. Rabia contra la estudiante. La convicción de que las cosas deben cambiar.
Ese es el poder que expresar la pura verdad sobre las injusticias tiene en la mayoría de los seres humanos, ya sean hombres o mujeres. Ese es el poder de contar historias.
Así que dejadme que os cuente otra… esta vez sobre una forma institucionalizada de discriminación hacia el hombre… discriminación en los juzgados de familia. A muchos de vosotros os resultará conocida.
El año pasado, un hombre de 43 años llamado Derrick K. Miller se dirigio a un guardia de seguridad en la entrada del juzgado de San Diego, donde recientemente se había sentenciado en su contra en un juicio por retrasos en la pensión de alimentos. Sujetando los papeles con una mano y un arma en la otra dijo: “Esto me lo habéis hecho vosotros”, y se disparó en la cabeza.
Miller no es un caso aislado. Hay un aumento alarmante del suicidio masculino en la mayoría de los países occidentales. Según un informe de 1999 el suicidio es la octava causa de muerte en America. Una ronda de estudios llevados a cabo en Norteamérica, Europa y Australia sugiere que una razón para este incremento puede ser la discriminación que los padres encuentran en los juzgados de familia, especialmente la que se refiere a la negación de sus derechos a visitar a sus hijos.
Considerad a Warren Gilbert, quien murió de intoxicación por monóxido de carbono, mientras sujetaba una carta del servició de protección. O a Martin Romanchick –el agente de policía de la ciudad de Nueva York que se ahorcó después de que se le denegara el permiso debido a una denuncia de su esposa, que el juzgado encontró ser insustancial. Hay páginas web que enumeran los nombres de hombres -y no creo exagerar los hechos al decir esto- que han sido conducidos al suicidio por la desesperación causada por la discriminación institucionalizada contra ellos en los juzgados de familia. Estos hombres hablaron de la única manera que sabían. Se destruyeron a ellos mismos frente a un sistema que les privó de dignidad, justicia y -en algunos casos- de los niños que amaban y que hacían que la vida valiese la pena.
Esto debe cambiar.
Cuales son los detalles de ese cambio. Bien… no represento al movimiento masculino, pero tengo una opinión de cómo lograr la igualdad genuína. Eliminar todos los programas obligatorios de discriminación positiva, eliminar el problema de los juzgados. Hacer lo mismo con el acoso sexual. Introducir la custodia compartida en los juzgados de familia. Reconocer a las víctimas masculinas de violencia doméstica o violación, y tratarlos de la misma manera que a las víctimas femeninas. Rechazar el sesgo contra los niños en las escuelas públicas o en otras instituciones financiadas por el Estado. Quizás, incluso rechazar pagar los impuestos que sirven para victimizar a los hombres. Estos cambios serían un buen comienzo. Y sé que los que hablarán después de mí hablarán más sobre los detalles de lo que debe ocurrir.
Para concluir mi charla hoy, debo expresar un temor. He señalado el “contar historias” como algo valioso que el movimiento masculino debe aprender del feminismo. Ahora me gustaría ofrecer una historia sobre cómo un movimiento político puede quedar dominado por la rabia y perder la voz de la razón. Temo que hombres que respeto puedan verme como su enemigo simplemente porque soy una mujer. Haré todo lo que pueda para que eso no ocurra, porque así es como nos hemos metido en este lio en primer lugar.
El feminismo debe ofrecer una mano de buena voluntad hacia los hombres que están siendo destruidos por el sesgo de género en el sistema. Las mujeres deben levantarse y exigir la eliminación de toda ley y aplicación de la ley que discrimine en función del género, independientemente de si esta discriminación beneficia a las mujeres, porque eso no puede ocurrir.
Las mujeres son individuos y todo lo que debilite los derechos individuales basados en una humanidad común daña tanto a los hombres como a las mujeres".

Fuente: http://loquepienso.wordpress.com/2009/02/05/una-defensa-feminista-de-los-derechos-masculinos/