España es uno de los pocos países de la UE donde no existe la especialidad médica
La Fundación Alicia Koplowitz beca a profesionales para que se formen en centros extranjeros
M. R. Sahuquillo
Madrid
8 JUL 2012
Un 20% de niños y adolescentes sufren algún tipo de trastorno mental,
según la Sociedad Española de Psiquiatría. Anorexia, autismo,
hiperactividad, ansiedad, trastorno de déficit de atención. Sin embargo,
y a pesar de estos datos, España es uno de los pocos países de la Unión
Europea donde no existe la especialidad universitaria de psicología ni
de psiquiatría infanto-juvenil. Su creación es una promesa largamente
incumplida por los gobiernos de todos los colores, que las sociedades
científicas y las asociaciones de pacientes no se cansan de reclamar.
Pero las cosas van lentas, y mientras, algunos profesionales optan por
marcharse al extranjero para obtener formación especializada.
La creación de la especialidad de psiquiatría infanto-juvenil ha estado, sin éxito, en la agenda de varios ministros
Juan José Carballo se fue a la Universidad de Columbia, en Nueva York, con una beca de la
Fundación Alicia Koplowitz,
la única organización en España que tiene este tipo de ayudas para la
especialización en psiquiatría de la infancia y la adolescencia. Esta
fundación otorga becas de formación avanzada —que duran dos años y que
permiten ampliar estudios en prestigiosos centros de Reino Unido o
Estados Unidos— y también ayudas para estancias cortas y proyectos de
investigación. Carballo, psiquiatra, participó en el programa avanzado
en 2005/2006. Gracias a él, cuenta, pasó dos años en Estados Unidos
especializándose en atención infantil. Una parte fundamental de la
psiquiatría por la que empezó a interesarse en una de las rotaciones del
MIR. Duró cuatro meses y que se le quedó más que escasa. “Sentí que era
un periodo demasiado corto para considerarme competente en un área tan
específica y compleja”, dice.
Celso Arango, secretario de la
Sociedad Española de Psiquiatría,
explica que la formación especializada en este campo es fundamental.
“El 70% de las enfermedades mentales tienen sus primeros síntomas
durante la infancia y la adolescencia. Incluso el trastorno bipolar o la
esquizofrenia”, sostiene este experto, que explica que estas patologías
–que no siempre se diagnostican—, cuestan cada año casi 800.000
millones de euros en la UE. Un coste económico al que se le añade
también el altísimo coste social para los enfermos y sus familias. “Por
eso el diagnóstico precoz desde la infancia es fundamental. Y a ello
ayudaría la creación de la especialidad médica de Psiquiatría infantil y
juvenil”, abunda.
Su creación está —junto a la de Genética— también en la
agenda
de la ministra de Sanidad, Ana Mato, aunque los expertos recelan de que
esta vez sí vaya a materializarse. Y aunque lo hiciera, su implantación
llevaría al menos cuatro años desde su aprobación.
Mientras, insiste Arango, el mecenazgo y la colaboración de
organizaciones privadas como la de Alicia Koplowitz es esencial. María
Concepción Guisasola, coordinadora de programas científicos de esta
fundación, explica que el objetivo de las becas de esta institución
—dotadas con unos 40.000 euros anuales— es precisamente cubrir el hueco
en la formación de los profesionales. “Que la psiquiatría o la
psicología infantojuvenil no estén reconocidas no significa que no haya
enfermedades mentales en esas franjas de edad. Es una realidad a la que
hay que prestarle mucha atención”, dice.
El objetivo de esta entidad es cubrir con sus ayudas el hueco de formación que existe
Así, a través de las becas avanzadas, los profesionales —psiquiatras
que hayan acabado el MIR o estén en el último año, y psicólogos clínicos
con el PIR o que lo estén completando— pasan dos años formándose en
instituciones punteras como el
King’s College de Londres o el
hospital Bellevue,
de Nueva York. Allí, explica Guisasola, pueden ver a pacientes y tener
una rica e intensa actividad investigadora y docente. A su vuelta, los
becarios tienen la opción de incorporarse al hospital español que
escojan durante seis meses pagados por la Fundación. “La idea es que
estos profesionales vuelvan a España y establecer una red de
especialistas exbecarios para que los niños estén atendidos en todo el
país”, sigue Guisasola. De hecho algunos becarios ya han creado sus
propias unidades, aunque otros se han quedado en los hospitales donde se
han formado.
Leticia Gutiérrez-Galve, psiquiatra de 33 años, es una de los cinco becados de esta edición —la novena convocatoria—. Irá al
St Mary Hospital
de Londres. Allí, trabajará sobre la influencia de los trastornos
psiquiátricos de los padres —en concreto los depresivos— en el
neurodesarrollo de los niños. Gutiérrez-Galve, que ahora trabaja como
psiquiatra infantil en el Hospital Universitario de Zaragoza, ha elegido
el St Mary porque en ese centro seguirá las mismas rotaciones que los
residentes del hospital. “Así se combina la investigación y la clínica”,
explica. “En España no hay forma de especializarse, así que una opción
es irnos fuera. El tratamiento y la prevención de los trastornos
psicopatológicos de los niños y los adolescentes es muy importante
porque esta etapa es crucial en el desarrollo y evolución de los
trastornos psiquiátricos”, añade.
"Algunas patologías que sufren los niños son completamente distintas a las de los adultos", dice una psicóloga clínica
Pero solo una quinta parte de los niños que sufren estos problemas
está correctamente diagnosticado, según datos de Sanidad. Algo que puede
tener, además, un largo recorrido ya que los pacientes cuyo trastorno
psiquiátrico comenzó en la etapa juvenil tienen un peor pronóstico que
aquellos en los que se inició en la etapa adulta.
Rebeca García Nieto, psicóloga clínica y exbecaria 2008/2010 de la
Fundación Alicia Koplowitz, explica además que algunas patologías que
sufren los niños son completamente distintas a las de los adultos, como
la hiperactividad o el déficit de atención. Esta psicóloga de 34 años
siguió el programa de formación avanzada en el hospital Bellevue, de
Nueva York, donde se especializó en traumas, en niños que han sufrido
algún tipo de abuso físico o sexual. “Los niños se recuperan de los
abusos también de una manera totalmente distinta de la de los adultos”,
asegura García Nieto, que ahora es una de las psicólogas del centro de
salud mental de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, donde, además,
investiga sobre el suicidio.